El arado
Arrumbado en un rincón del corral de la vieja casa donde nací, yace el arado romano, comido por el orín y los ácaros. Es la imagen más representativa del final de una época. Con el fin del arado muere el oficio milenario de labrador. Observo sus despojos descompuestos: la reja oxidada y semienterrada que abría los surcos para la siembra, después de romper y binar la tierra, y que, según Hesíodo, lo hacía como el colmillo de un jabalí; el timón roto, seguramente de olmo, como recomendaba Virgilio, del que tiraba la yunta; las rudimentarias orejeras, apenas reconocibles, la telera, aún con tierra, y la esteva o mancera, pieza corva de madera que........
