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Del uso de las palabras nazismo, pleonasmo, allende, que-quien

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Una norma ortográfica del castellano establece que cuando concurren la zeta y las vocales cerradas ‘e’ e ‘i’, la consonante se convierte en ‘ce’, por ejemplo, de ‘cazar’, ‘cacé’ (primera persona del singular del pretérito de indicativo) y los derivados de ‘raza’, ‘racismo’ y ‘racista’. Sin embargo, esto no se aplica en las palabras derivadas del sustantivo ‘nazi’, como lo hizo el columnista Luis Guillermo Giraldo en esta declaración “...un mundo colonizado por el nacismo” (LA PATRIA, 14/2/2026). Deben, pues, escribirse ‘nazismo’ y ‘nazista’. Además, el diccionario académico la asienta con la zeta que remite a su etimología, ya que proviene del alemán Nazismus, abreviatura de Nationalsozialismus. Más todavía: la ‘ce’ desfigura esas palabras, que quedan así irreconocibles.

Del latín ‘pleonasmus-i’, tomado del griego ‘pleonasmós’ (‘superabundancia’), el ‘pleonasmo’ es una figura de construcción que consiste en el empleo de palabras superfluas que no se requieren para expresar la idea pretendida, como ‘salir afuera’ o ‘entrar adentro’. Sin embargo, no todos los pleonasmos son rechazables, pues sirven para enfatizar una afirmación, por ejemplo, el clásico ‘lo vi con mis propios ojos’ o ‘lo aseguró con sus propias palabras’, que tienen más fuerza expresiva que ‘con sus ojos’ o ‘con sus palabras’. Puede, entonces, considerarse como un recurso de redacción. Bien empleado, por supuesto, no como lo hizo el señor Petro en un discurso en la Plaza de Bolívar de Bogotá: “En Colombia no hay caos de la salud, no digan mentiras. Todos los indicadores indican que cada vez hay más vida...” (LA PATRIA, 27/2/2026). Como decir ‘las señales señalan’. Son muchos los verbos que expresan la idea de ‘indicar’, entre ellos, ‘manifestar, mostrar, enseñar’. Al mandatario se le puede perdonar este ‘lapsus’, pues estaba improvisando, pero no que no reconozca el deterioro manifiesto del sistema de salud de su gobierno.

‘Allende’ (del latín ‘illinc’, ‘-de allí, de aquel sitio o lugar’) es un adverbio de lugar, que significa ‘del lado de allá, al otro lado’, por ejemplo, ‘allende el mar Caribe’. Su opuesto, ‘aquende’ (del latín ‘eccum inde’, ‘-desde aquel lugar, desde allí’), quiere decir ‘del lado de acá’, verbigracia, ‘aquende las fronteras con Ecuador’. De ambos adverbios se puede decir que tienen la preposición ‘de’ incorporada, por lo que redunda en la siguiente oración del columnista Pedro Felipe Hoyos K.: “Son candidatos precisamente de esa generación que no estableció un vínculo con el pasado en el colegio; para ellos ese tema está allende de su mundo cognoscitivo” (LA PATRIA, 4/3/2026). Castizamente, de acuerdo con las nociones expuestas, “...allende su mundo cognoscitivo”, construcción que, además, es armoniosa.

En la época de los clásicos del castellano –lo he anotado varias veces– el pronombre personal ‘quien’ era invariable en número y podía referirse a personas y cosas. Actualmente, es variable en número –‘quien, quienes’– y alude únicamente a personas. Razón por la cual está mal empleado en la siguiente frase: “El empresariado, quien dispone de un buen nivel de confianza en la sociedad, es el llamado a liderar la agenda de transformación...” (LA PATRIA, Santiago Villegas Yepes, 5/3/2026). Correctamente, “El empresariado, que dispone...”. Hay que decir también que el pronombre relativo ‘que’ (invariable) puede referirse también a personas (‘el fulano que me presentaste’), aspecto que muchos ignoran, pues emplean siempre el pronombre ‘quien’. Este pronombre se emplea más cuando es parte de un complemento, a saber, cuando va precedido de una preposición, por ejemplo, ‘las personas con quienes tratas’, ‘el candidato por quien vas a votar’, ‘el personaje de quien te hablé’. Sin olvidar que no siempre puede sustituir al pronombre ‘que’.


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