Las sopas de ajo de la diversidad
Interior de la nave espacial Orión, el corazón del programa Artemis rumbo a la Luna. / Robert Markowitz / NASA / Johnson Space Center
Mientras preparaba las sopas de ajo en la madrugada del Viernes Santo, pensaba que se parecen mucho a la sociedad. Para que salgan bien hacen falta varios ingredientes: agua, sal, ajo, pimentón, aceite de oliva y pan. Y si apetece, un huevo. Pero no como los de esos machotes que, de vez en cuando, necesitan exhibir su hombría en las reuniones de amigotes, en el bar de la esquina o en las cofradías de Semana Santa. Sí, en las cofradías de aquí. Me lo contó el otro día alguien de confianza. "¿En serio? No me lo puedo creer", pregunté. Porque cuesta creer que alguien vinculado con una cofradía se atreva a hacer chistes con lo machotes que son algunos y lo débiles que son otros y, sobre todo, otras. En fin… Pero mientras seguía haciendo las sopas de ajo, me surgía una pregunta inevitable: si para hacer tan sencillo y delicioso manjar necesitamos mezcla, ¿por qué hay quien rechaza que la sociedad también lo sea? Personas de distintos países, culturas, creencias o formas de vida no restan: suman.
¿Pero tanto molesta que la diversidad de personas, de creencias, de tradiciones, de culturas, etc., sea precisamente nuestra seña de identidad? Parece ser que sí, que algunas personas se sienten agredidas cuando por la acera, en la tienda de la esquina, en el colegio de sus hijos o en el equipo de fútbol de alevines se encuentran con una persona negra o con una que lleva pañuelo. "Pero si ven a una monja andando por la calle, no dicen nada", nos recuerda de vez en cuando uno de los amiguetes con quienes compartimos café de vez en cuando. Y es verdad. Lo mismo sucede cuando vamos al campo a disfrutar y a respirar aire puro. Si elegimos un monte, no es lo mismo pasear por un monocultivo de pinos que por un bosque mixto, mucho más resiliente, rico y lleno de vida. El paisaje nos demuestra, una vez más, que la diversidad es una fortaleza de la naturaleza; sin embargo, algunas personas se niegan a ver lo evidente y se refugian en credos, creencias y concepciones que poco o nada tienen que ver con la humanidad que se supone que debemos portar quienes residimos en este minúsculo territorio del Sistema Solar.
Una sociedad de un solo "ingrediente" no es una sociedad, es un bloque inerte. La diversidad es, literalmente, nuestra seguridad social biológica y cultural. Y si aún andan perdidos con las sopas de ajo y la diversidad, reflexionen sobre lo que ven y dicen los cuatro astronautas -por cierto, diversos en cuanto a género y etnicidad- desde la nave espacial Orion, que forma parte de la histórica misión Artemis II de la NASA, que despegó el 1 de abril desde Florida. La importancia histórica y simbólica es evidente: la cooperación global ha sido una pieza fundamental, ya que no solo participa Estados Unidos, sino Europa, Canadá, Japón y muchos otros países bajo los Acuerdos de Artemis. Es el ejemplo perfecto de que para salir de este "minúsculo territorio del Sistema Solar", necesitamos que los ingredientes sean de primera y muy variados. Si Artemis II tiene éxito, la próxima misión (Artemis III) será la que finalmente ponga una bota humana sobre el suelo lunar nuevamente en 2027. Y tal vez también allí podamos comer unas buenas sopas de ajo. Por favor, cuenten conmigo: yo las preparo gratis.
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