El canto secreto de una aurora boreal
'Mujer tocando el saenghwang sobre un barco'. Pintura tradicional coreana, siglo XIX.
George Orwell y Aldous Huxley tuvieron una sagacidad penetrante, una clarividencia fuera de lo común, inspirada -no lo sabemos- por un dios o un demonio. Orwell pronosticó en su obra 1984 la división del planeta en extensas áreas continentales, que, dominadas por autoritarismos atroces, lucharían entre sí como gigantescos reinos combatientes. Huxley, por su parte, descubrió en Un mundo feliz la esencia del despotismo contemporáneo, aquel que ejerce su poder a través de la gestión del bienestar y los placeres, no tanto a través de la coerción o la represión. Fueron grandes profetas. Hablaron a la humanidad de forma novelada y simbólica.
Hubo otros que igualmente advirtieron al mundo. Lewis Sinclair en su novela Eso no puede pasar aquí brindó la imagen de un hombre, en los Estados Unidos, llamado Buzz Windrip; salido durante los años treinta de entre las anónimas filas de los mediocres, se encumbró hasta las cimas más elevadas del poder. Windrip rechazaba a los extranjeros y odiaba el sistema establecido. Su retórica a favor de los quejumbrosos americanos corrientes, olvidados por las fuerzas políticas tradicionales, suena extrañamente familiar, vigente, aterradoramente........
