Reme
Noelia Castillo Ramos en una entrevista emitida en Antena 3 / L.O.
En el fondo todas las campañas, tonantes o musitantes, para impedir que Noelia cumpliera su voluntad de poner fin a una vida de dolor y angustia descansan en dos ideas: que solo Dios puede disponer de la propia vida, por penosa que sea y condenada que esté, y que el Estado laico debe imponer ese dogma a todos, creyentes o no, sin dejar que nadie escape por sus pies de la prisión del dolor irremediable. El argumentario con el que se envuelve ese núcleo ideológico fundamentalista es una falacia oportunista, un disimulo. ¿Por qué no dar testimonio franco de la propia creencia? El calvario al que se ha sometido a durante casi dos años, pretendiendo salvarla de sí misma, dándola por incapaz de decidir, difamándola, es cualquier cosa menos caridad, cristiana o simplemente humana. Y todavía intentarán que prosiga post mortem, ahora como advertencia a quien siga su ejemplo.
Poca gente dio muestra de haberla conocido. Reme Romero se fue hace unos días, en el casi anonimato, y parece como si no hubiese pasado nunca por nuestro pequeño mundo provinciano. Pero, durante no poco tiempo, ella fue ese mundo. La conocí en los alegres 90 y ella ya había sido el alma de los conciliábulos de las noches socialistas. He visto cosas que vosotros no creeríais: una Murcia del PSOE. Me presentó con su sonrisa perenne a dos amigos suyos, a la vez: al que obligaron a dimitir como presidente autonómico y a quien conspiró para cargárselo. Aquellos tiempos no son estos, la gente se odiaba cordialísimamente de copas. Las conversaciones eran finas, filipinas. En el centro, alcahueteando magistralmente, Reme, más de derechas que el Cid. Languideció aquella España entrañablemente mal avenida que le daba al whisky con mucho humo y llegaron los peligrosísimos "lados correctos" de la historia. Y ha muerto olvidada.
Suscríbete para seguir leyendo
