La camiseta de Lamine
Lamine Yamal, durante el Portugal-España.
A los abejarucos, como llamamos a los críos en algún pueblo de la Región, las camisetas siempre les quedan grandes. Los nombres también. A mi sobrino la de Lamine Yamal le baila en los hombros como la de Boca que le traje de La Bombonera. Los niños crecen así: primero dentro de sus sueños y después dentro de la ropa. Él no puede leer el nombre escrito a la espalda. Ningún niño puede hacerlo sin un espejo. Ahí empieza la discusión: en lo que los adultos decidimos leer dentro de él. Mi sobrino solo ve a Lamine recibir el balón y obligar a la geometría a desdecirse. Donde parecía acabarse el campo abre una calle; donde había un defensa deja una pregunta. Algunos regates no esquivan defensas. Esquivan destinos.
La otra camiseta convierte el pasillo en La Bombonera. Allí Maradona dijo que la pelota no se mancha. Lo sabía alguien que creció con barro en las botas y aprendió que lo más sucio de la vida no........
