Budapest ya no responde al teléfono
Viktor Orbán se dirige a sus simpatizantes y reconoce la derrota. / ATTILA KISBENEDEK / AFP
Durante años no fue solo una capital. Fue una centralita de instrucciones para la nueva política del resentimiento europeo. Orbán enseñó a media Europa que una democracia podía vaciarse sin romperle los cristales, sin apagar del todo la lámpara. Bastaba con conservar la escenografía institucional y desmontar, con el sigilo de un topo de la antipolítica, aquello que hacía respirable una democracia: la independencia judicial, la libertad de prensa, los derechos. Budapest no era una excentricidad del Este, sino un laboratorio danubiano donde se ensayaban fórmulas para vaciar Europa desde dentro.
Lo decisivo de la derrota de Orbán no es solo que haya caído un gobernante, sino que se haya cortado una línea: una forma de deshacer por dentro lo que mantenía unida a Europa, con conexión sentimental con Trump y bajo la sombra de Putin. Durante........
