La catástrofe ambiental detrás de la guerra entre Estados Unidos e Irán
La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán no es solo una crisis geopolítica y humanitaria, sino una catástrofe ambiental que se desarrolla rápidamente. La evidencia de organizaciones observadoras, los informes ambientales iraníes y los análisis de expertos revelan que la destrucción ecológica es fundamental en esta guerra. Desde incendios generados por el petróleo y contaminación atmosférica tóxica hasta la pérdida de biodiversidad y los impactos a largo plazo en la salud, las consecuencias ambientales son tanto inmediatas como duraderas.
La contaminación como arma de guerra
Según el Observatorio de Conflictos y Medio Ambiente (CEOBS), la principal amenaza ambiental en la fase actual de la guerra es la contaminación del aire, el agua y el suelo generada por el conflicto. A mediados de marzo, 123 emplazamientos militares (incluidas 26 bases aéreas) y al menos 30 instalaciones de procesamiento y almacenamiento de petróleo fueron atacados, lo que produjo daños ecológicos en cascada.
El 8 de marzo, Israel atacó cuatro instalaciones en Teherán y Alborz utilizadas para el almacenamiento y la distribución de productos petrolíferos. Junto con otros ataques a refinerías de petróleo, depósitos de combustible y zonas industriales, se han producido incendios a gran escala y fugas tóxicas. Estos incidentes generan una compleja mezcla de contaminantes, incluidos metales pesados, hidrocarburos y sustancias químicas persistentes, que representan graves riesgos para la salud pública.
Estos incendios pueden arder durante días, liberando enormes cantidades de gases de efecto invernadero y compuestos tóxicos a la atmósfera. Neda Houshang, ecofeminista y agroecóloga, analiza esta situación en su entrevista con The Amargi. Según ella, las primeras investigaciones sugieren que, en las dos semanas previas al 1 de abril, se liberaron entre 5 y 5,6 millones de toneladas de CO2 equivalente en Irán. Esta cantidad es comparable a las emisiones anuales de Islandia o a las de aproximadamente 1,1 millones de automóviles a gasolina, lo que pone de manifiesto cómo la guerra intensifica directamente la crisis climática mucho más allá del campo de batalla.
Además, estos incendios emiten contaminantes cancerígenos, como hollín y compuestos de azufre. Los informes sobre la “lluvia ácida negra” en Teherán ilustran cómo estas emisiones vuelven al suelo a través de las precipitaciones.
La exposición a la “lluvia negra” supone graves riesgos para la salud,........
