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Me odiaría a mí mismo

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11.02.2026

Ni crea nadie que son felices. Padecen de rabia y obesidad en las ideas. Tienen tantas cosas que consumir que estas los consumen a ellos y los dejan sin alma: digeridos y aptos para quedar desechos, no «en menudos pedazos», sino en virutas adiposas compactadas por el exceso erosionante de McDonald′s, papas fritas y Pepsi colas.

Qué triste no poder llamarles, con amor, compatriotas, ni siquiera subpatriotas porque son seres que parecen haber renunciado a la Patria, o al menos a compartir la Patria con nosotros, que en ella vivimos. Nacieron junto a nosotros, a la sombra del mismo sol, bajo los rayos de la misma luna, amparados por el mismo repertorio de arrullos y colores; juntos reímos y lloramos, pero no les importa que muramos de inanición, enfermedades curables, frío, tristeza, o combatiendo contra quienes les diluyeron la identidad y maceraron su orgullo.s

Nos hubiera gustado la empatía, el logro sostenido de los anhelos que nos dieron espíritu de comunidad, pero un buen día decidieron mirarse como seres que superaron «el estrecho concepto de nación». Son entes globales, del mundo........

© Juventud Rebelde