El duelo también aprende a sonreir
Ha pasado más de un mes desde el terremoto del 24 de junio. Aunque las réplicas de menor magnitud continúan recordándonos que la naturaleza sigue su propio ritmo, muchas de las preguntas que hoy inquietan a los venezolanos ya no tienen que ver únicamente con el movimiento de la tierra, sino con el movimiento de las emociones. ¿Está bien volver a reír? ¿Es normal disfrutar una reunión familiar, escuchar música o planificar un viaje? ¿Soy menos solidario si regreso al trabajo mientras otros todavía enfrentan las consecuencias de la tragedia?
Son preguntas que pocas veces se expresan en voz alta, pero que muchas personas se hacen en silencio.
Cuando una sociedad atraviesa un acontecimiento que cambia la vida de tantas familias, también aparece una especie de compromiso invisible con el dolor. Algunas personas sienten que recuperar la rutina demasiado pronto puede interpretarse como indiferencia. Otras experimentan culpa cuando descubren que, después de semanas de tristeza, vuelven a sonreír de manera espontánea o disfrutan un momento de tranquilidad.
Sin embargo, las emociones no funcionan bajo normas colectivas ni siguen un calendario establecido.
Desde la Programación........
