EL FABULARIO DE HOCHANDÍ
EL FABULARIO DE HOCHANDÍ
La utilización de seudónimos es clásica en la historia del arte y muy especialmente en la literatura. Escritores ha habido muchos que, por razones distintas, se sirvieron de un nombre falso a la hora de firmar sus creaciones. En épocas de censura, resulta un recurso comprensible y a veces se sigue debatiendo quién se oculta tras la ficción nominal. Por poner un ejemplo, aún no se sabe quién fue ese Reginaldus Montanus (¿Casiodoro?) que aparece en la cubierta de Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes (Heidelberg1567), el primer libro contra la Inquisición española.
Más complejo resulta el fenómeno de la heteronimia, que con Fernando Pessoa alcanzará un punto álgido. Se fingen identidades no simplemente por ocultar la propia, sino engendrando otra imaginaria, con cuya biografía, personalidad o estilo siente asimilarse el creador oculto a la hora de componerlas.
Podríamos estar ante hecho semejante. Hace un lustro, nos sorprendió agradablemente Poesía elemental, que firmaba Demetrio Meléndez Ruiz, autopresentado como un profesor que enseñaba con sumo ingenio los componentes de la tabla periódica. Dos años después, apareció con........
