Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata de Esclavos
El 25 de marzo de cada año como hoy, desde 2007, ha sido establecido para conmemorar el Día Internacional en Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos, por Asamblea General de las Naciones Unidas. En pleno 2026, se cree, erradamente, que la esclavitud es una realidad del pasado y eso es un error. Definiéndose como la incapacidad de la persona humana para poder decidir libre y voluntariamente sobre su propia persona y su destino, la esclavitud sigue presentándose en pleno siglo XXI y ese sí que es un drama para la sociedad internacional contemporánea. Por su complejidad de impacto, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, la asocia al Convenio para la Represión de la Trata de Personas de 1949 y la explotación en su diversidad de manifestaciones como la explotación sexual, el trabajo infantil, el matrimonio forzado y el reclutamiento de niños para llevarlos como escudos humanos o bala de cañón en los diversos conflictos armados que siguen sucediendo en el mundo, actualmente. La esclavitud del siglo XXI se realiza mayoritariamente a grupos vulnerables como las mujeres y los menores de edad, los que son engañados -es un presupuesto fundamental para configurar el referido estado de esclavitud-, vendidos, amenazados y bajo esta circunstancia sometidos a diversidad de situaciones de explotación donde la privación de la libertad es la característica fundamental. Para las Naciones Unidas la esclavitud no es otra cosa que la trata de personas y ésta se ha constituido en una de las mayores amenazas en el mundo y la tragedia aumenta cuando se conoce de la alta rentabilidad que produce esta censurable actividad humana. Con lo anterior, la coacción, que es el uso de la fuerza, y la coerción, referida a la amenaza, son partes inseparables del signo distintivo que configura la esclavitud, a la que es sometida la persona humana cuya dignidad se ve penosamente degradada. Los Estados deberían decidir políticas públicas directas y profundas para combatirla y erradicarla. Es un deber político y social que exige política de Estado por todas las Naciones del mundo. En nuestro país hay que trabajar en una diversidad de ámbitos porque su aumento vertiginoso causa pavor a la comunidad nacional; y a propósito del combate contra la criminalidad, no escuché nada de los candidatos en los recientes debates en el marco de las elecciones generales del próximo 12 de abril. No seamos reactivos frente a la esclavitud en el siglo XXI. Todos tenemos derecho a ser libres como el derecho que Segismundo invocó desde su recinto carcelario al mirar a las aves del campo con la libertad que a él le fue arrebatada, en el marco de la obra “La vida es sueño” de Pedro Calderón de la Barca. Política pública y política internacional para combatirla, es lo que hace falta.
(*) Excanciller del Perú e Internacionalista
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