El desconcierto en la derecha será pronto un concierto
Tiene toda la lógica que los aparatos de los partidos hayan recibido con frialdad la idea de Gabriel Rufián de aglutinar un frente amplio de izquierda alternativa. Rufián ha hecho dos cosas muy raras en la política española: la primera, evolucionar a medida que los acontecimientos cambian. Algo como lo que se atribuye a Keynes: “Cuando los acontecimientos cambian, yo cambio de opinión, ¿usted no?”.
Hace 10 años, Rufián era uno de los látigos independentistas que luchaba por la soberanía de un pequeño territorio de Europa Occidental. Hoy toda Europa Occidental corre el riesgo de convertirse en territorio colonial 3.0 y se encuentra en los albores de una nueva forma de autoritarismo. Rufián ve que la soberanía amenazada es la de nuestros derechos políticos. O sea, la democracia, nuestra condición ciudadana. Esos derechos se encuentran en la Constitución: evolucionar hacia una defensa de ellos desde la dimensión territorial donde se garantizan es lo más lógico.
