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Negociar con Marruecos para seguir negociando

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Una mujer de Rabat con responsabilidades empresariales en España, y madre de niños hispano-marroquíes, me acaba de decir en mis clases de negociación geopolítica: “España y Marruecos no solo somos vecinos y amigos, sino también grandes socios y países profundamente interconectados. El apagón del año pasado fue un buen ejemplo. En un momento crítico, la interconexión con Marruecos contribuyó a la recuperación del suministro eléctrico en España. Creo que esos momentos también nos recuerdan que, a ambos lados del Estrecho, nos necesitamos y tenemos mucho más que construir juntos.”

Entender por qué estamos donde estamos exige una lectura de la historia común y un conocimiento no artificial de las narrativas que la cuentan, que dejo para otro momento, en beneficio de abordar unas claves que funcionan en el mundo empresarial para afrontar negociaciones pluridimensionales. Por cierto, cuando un conflicto encierra varias dimensiones o facetas, es susceptible de ser abordado de modo colaborativo; es decir, donde todas las partes puedan salir ganando, sencillamente porque ganan cosas distintas. El acuerdo es posible: la condición necesaria es la voluntad de las partes; la suficiente el talento para construirlo; del segundo elemento no andamos sobrados.

El lema constitucional “Dios, la Patria, el Rey” une fe, territorio y monarquía en un solo cuerpo (Constitución del Reino de Marruecos, 2011, art. 4). El Rey ocupa el centro de ese conjunto con una doble legitimidad: como jefe del Estado es el “garante de la integridad territorial dentro de sus fronteras auténticas” (art. 42), y como Amir al-Muminin es la máxima autoridad religiosa (art. 41). Por consiguiente, la defensa del territorio no se entiende como una política de gobierno, sino como un deber ligado a la propia monarquía.

Desde 1956 Marruecos está embarcado en una recuperación progresiva de las “fronteras auténticas”. En ese relato, la Marcha Verde permitió “recuperar el Sáhara marroquí” (Mohammed VI), y Ceuta y Melilla son los capítulos pendientes. El Sáhara es la “causa nacional” que une a palacio, partidos y sociedad, y el Rey la presenta como una tarea que exige “la movilización permanente de todos”. La resolución de la ONU de octubre de 2025 se celebró como un triunfo histórico “habrá un antes y un después del 31 de octubre de 2025”.

La presión exterior refuerza la cohesión interna. Como el territorio es parte de la nación, cualquier crítica externa se lee como un ataque a todos. Así, la condena del Parlamento Europeo por la crisis de Ceuta de 2021 no provocó autocrítica en Marruecos, sino un cierre de filas en torno al trono. Las dos cámaras del Parlamento marroquí celebraron en junio de 2021 una sesión conjunta extraordinaria para rechazar la resolución europea.

Política exterior de Marruecos: qué no se puede pasar por alto

En 2022, Mohammed VI dijo que el Sáhara es “el prisma a través del cual Marruecos considera su entorno internacional”. Ceuta podría encajar en esa misma lógica a corto plazo como una carta de presión. A largo plazo, sin embargo, sigue siendo un objetivo latente.

El segundo frente es la rivalidad con Argelia, principal apoyo del Polisario. La frontera terrestre está cerrada desde 1994, y Argel rompió relaciones diplomáticas en agosto........

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