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Arriba en mi calle

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06.07.2026

No hay discrepancia entre quienes han escrito sobre el espíritu de las y los mexicanos: amamos la fiesta. Al menos un día de fiesta, escribió Paz, “para callar el resto del año”. Es la cultura de la contrarreforma, diría Samuel Ramos, que nos lleva a concentrar toda la energía en un episodio simbólico que libera a la gente de sus cadenas: el santo del pueblo, la fecha patriótica, la boda de los muchachos, el triunfo de la selección.

Fue André Breton quien afirmó que México era el país más surrealista del mundo. Lo que no dijo el fundador de ese movimiento es que el surrealismo es la vacuna ante una realidad insufrible: cuando la libertad solo existe en las normas, la gente se rebela trastocando la secuencia lógica de los hechos. La fiesta también sirve para romper límites con impunidad. Es el único momento en que las fronteras de clase, de raza, de género, de cultura, de edad o de jerarquía pueden saltarse con la complicidad de quienes comparten el peso de la diferencia habitual. Una........

© El Universal