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La región en la Constitución: un mandato abierto y todavía sin desarrollo real

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06.07.2026

La región en la Constitución: un mandato abierto y todavía sin desarrollo real

Al conmemorarse los treinta y cinco años de la Constitución Política de 1991, me reuní con antiguos compañeros de la Asamblea Nacional Constituyente, convocados por Eduardo Verano, gobernador del Atlántico y constituyente del 91, para reflexionar sobre un tema que sigue siendo decisivo para el futuro de Colombia: la autonomía territorial y la consolidación de la región Caribe como entidad territorial.

La Constitución de 1991 fue mucho más que una reforma jurídica. Fue una respuesta política, ética e institucional a una Colombia sumida en una crisis profunda. A partir de ella, la Asamblea impulsó la reorganización del país como un Estado social de derecho, orientado no solo a garantizar libertades, sino también a promover una igualdad más real, proteger la dignidad humana y ampliar las bases de la justicia social.

Una Constitución no se limita a declarar derechos ni a enumerar instituciones. También organiza el poder, lo distribuye, lo limita y lo somete a reglas. Pero el poder no existe en el vacío: nace de la gente, y la gente vive en territorios concretos, atravesados por condiciones geográficas, culturales, históricas y económicas muy distintas entre sí. No se puede administrar desde el centro lo que solo se comprende desde los territorios. No se puede planificar el desarrollo nacional ignorando las diferencias profundas entre regiones. No se puede hablar seriamente de democracia si las comunidades no tienen capacidad efectiva de incidir en las decisiones que afectan su vida.

Esa fue una de las razones por las que, desde el Caribe, me interesé de manera especial por el ordenamiento territorial en la Asamblea. A ese interés contribuyó de manera decisiva mi hermano Carlos Espinosa Faciolince (q. e. p. d.), quien fue para mí guía intelectual y política en estos temas. Con él compartí, años antes de la Constituyente, reflexiones y publicaciones sobre la autonomía regional.

El Caribe colombiano ha tenido una historia singular dentro de la nación. Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, por su posición geográfica, su relación con el mar y su papel histórico en las Américas, ocuparon desde temprano un lugar estratégico. Pero la construcción del Estado colombiano fue desplazando el centro de gravedad hacia el interior andino, hasta consolidar una arquitectura política en la cual Bogotá concentró de manera creciente las decisiones fundamentales.

Ese conflicto no nació en 1991. Sus raíces llegan hasta la Constitución republicana y soberanista del Estado de Cartagena de 1812, uno de los primeros textos constitucionales del continente americano, que afirmó la soberanía regional frente al poder central. Puede rastrearse también en la Guerra de los Supremos, en la Liga Costeña, en los Foros del Caribe y en las actuales luchas por una mayor autonomía regional. Por eso, cuando los constituyentes oriundos del Caribe llegamos a la Asamblea, no llegamos improvisando ni movidos por un reclamo de alcance meramente local. Llegamos con una posición previamente definida en el Consenso de la Casa de........

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