Un invaluable legado
La partida de don Fausto Rico Álvarez fue una conmoción para todos quienes lo conocíamos. Su pasión por el Derecho y la docencia, además de su visión humana, fue lo que lo llevó a ser tan admirado y querido. Por eso, en este cúmulo de discursos y obituarios que se han escrito sobre él, más que agregar algo que no se haya dicho aún, quiero destacar algunas ideas de quienes lo vieron como compañero y maestro.
En cuanto ingresó a su alma mater en 1957, don Fausto logró convertirse en “el alumno más distinguido del más grande civilista de su tiempo: don Jerónimo Díaz”. Incluso Elisur Arteaga cree que don Jerónimo se retiró en ese mismo año “como diciendo: he formado al mejor civilista que va a tener México” y no se equivocó, pues su pupilo “hizo la carrera de manera sobresaliente, no hubo año en que no sacara premio como el mejor estudiante”.
Asimismo, Arteaga lo recuerda como un condiscípulo peculiar: “De piel blanca,........
