Pánico en las élites occidentales: ¿ha llegado la hora de la ofensiva ciudadana?
Opinión Pánico en las élites occidentales: ¿ha llegado la hora de la ofensiva ciudadana?
@JuanLabordah@juanlabordah.bsky.social
Pareto sostenía que los “zorros”, astutos, calculadores y flexibles, y los “leones”, conservadores y partidarios de la fuerza, se alternaban en el vértice de la pirámide social en un ciclo incesante. Cuando quienes mandan pierden su energía, su “virtud” maquiavélica, degeneran y son sustituidos, casi sin excepción, por una contra‑élite que trae consigo nuevas habilidades y otras fuentes de riqueza. La renovación, por tanto, no altera la estructura del privilegio, sino que la revitaliza: cambian las caras, los discursos y los estilos, pero la lógica profunda de dominación y desigualdad queda intacta.
Occidente se halla justamente en uno de esos momentos de mutación, y las élites tradicionales, acostumbradas a manejar todos los resortes, muestran signos evidentes de pánico. Los últimos acontecimientos (guerras abiertas o congeladas, turbulencias financieras, una reconfiguración acelerada de los medios de comunicación de masas) no son más que la fachada visible de ese temblor pavoroso. Dos son los miedos que están dictando la agenda de los poderosos y que, al mismo tiempo, catalizan un recambio generacional en su seno.
La historia demuestra que los regímenes más íntimamente conectados con los intereses empresariales son proclives a iniciar hostilidades, pero evitan el choque directo con otras élites entrelazadas en los mismos circuitos globales
El primero es económico, y es el más visceral. Las élites occidentales no temen la guerra en sí; la guerra de baja o media intensidad ha sido, y sigue siendo, un extraordinario negocio para determinados sectores. Lo que verdaderamente las desvela es que una escalada descontrolada de los conflictos, desde Ucrania al Mar de China Meridional, pasando por Oriente Medio, convierta la actual economía de guerra permanente en un colapso financiero sistémico que volatilice su propia base patrimonial. La historia demuestra que los regímenes más íntimamente conectados con los intereses empresariales son proclives a iniciar hostilidades, pero evitan el choque directo con otras élites entrelazadas en los mismos circuitos globales; nadie quiere matar a la gallina de los huevos de oro.
Así, la verdadera pesadilla en las cumbres de Davos o en los consejos de administración de los grandes bancos no es un intercambio nuclear, que sí asusta a la ciudadanía, sino que la inflación, la deuda privada y soberana desbocada (para hacer frente a la deuda soberana existe la Teoría Monetaria Moderna que las élites jamás permitirán que se enseñe a la ciudadanía) o el desplome de las bolsas destruyan los cimientos económicos sobre los que han edificado su hegemonía desde 1945.
El segundo temor, más difuso y por ello más corrosivo, es la pérdida de legitimidad. Los ciudadanos perciben hoy la política como una función que se representa para beneficio exclusivo de los que ya están arriba. La desigualdad material, la sensación de “permacrisis” y la convicción de que las reglas de juego están amañadas erosionan la confianza en las instituciones. Sin esa confianza, el poder se ejerce a palo seco, lo cual resulta caro y frágil. Las élites saben que una sociedad que deja de creer en sus gobernantes es una sociedad que, antes o después, busca alternativas fuera del sistema. De ahí su nerviosismo y, sobre todo, de ahí la urgencia con que se está operando el relevo en su cúpula.
El recambio de élites en Occidente
Siguiendo con la analogía de Pareto, lo que estamos presenciando es el ocaso de los “leones” que dominaron la segunda mitad del siglo XX y el ascenso de una nueva generación de “zorros” tecnocráticos. Las viejas élites (forjadas en la industria pesada, la construcción, la banca tradicional y los otrora grandes monopolios energéticos) están siendo desplazadas por una nueva clase de empresarios y gestores cuyo poder no se asienta sobre el acero o el hormigón, sino sobre el dato, el silicio y la inteligencia artificial. No se trata de un cambio meramente sectorial; es un cambio de paradigma que arrastra consigo una transformación de los valores, los discursos y las lealtades que hasta ahora habían sostenido el orden occidental.
La pugna........
