Padrinos y "enchufados"
Padrinos y "enchufados"
Padrinos y enchufados
En el zoológico nacional, la irrupción del "chivato" ha visto aparecer otro viejo conocido de nuestra fauna moral: el "enchufado". Al "chivato", que delata, se une ahora el "enchufado", que prospera. Uno sobrevive señalando. El otro, siendo señalado. Los dos son especies perfectamente adaptadas al ecosistema del poder.
Ambos podrían formar parte de una misma biosfera: personajes que no son excepciones, sino síntomas de una determinada degradación de la vida pública.
La reciente sentencia, que condena al beneficiario del enchufe, introduce una novedad muy apreciable. El "enchufado" puede dejar de ser un mero receptor pasivo para convertirse en cooperador necesario del delito cuando participa activamente en el diseño o adaptación de la plaza.
La reciente sentencia, dictada a propósito del hermano del presidente, trasciende con mucho el caso concreto. Abre la puerta a reflexionar sobre el enchufismo como una cultura política profundamente arraigada.
Durante siglos, España ha convivido con una doble administración: la oficial, a base de leyes, oposiciones y procedimientos. Y otra paralela, invisible pero perfectamente conocida, basada en relaciones personales, favores, parentescos y fidelidades.
Nuestra literatura lleva siglos retratando al enchufado. Desde los validos satirizados por Quevedo hasta los cesantes de Galdós o los caciques de Baroja, el mérito casi nunca viaja solo: suele ir acompañado de un padrino.
No estamos ante una corrupción necesariamente económica. Es algo más sutil: la privatización de lo público. El cargo deja de servir al interés general para ser útil a una red de lealtades. No es simplemente que alguien consiga un puesto.
Estamos ante un........
