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Bolivia rota, la herida de origen

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01.06.2026

Es muy difícil entender el conflicto boliviano contemporáneo si se lo mira solamente como una pelea entre políticos, una crisis económica o una disputa partidaria. Los bloqueos, la polarización, la fractura del movimiento popular y la sensación permanente de inestabilidad tienen raíces mucho más profundas. Bolivia arrastra una herida de origen que nunca encaramos seriamente ni pensamos cómo sanar.

Y quizás esa sea la clave más importante para entender por qué este país parece discutir, una y otra vez, lo mismo: no solamente quién gobierna, sino quién tiene el derecho legítimo para existir dentro de esta nación.

A diferencia de otros países sudamericanos, Bolivia no nació como una república relativamente homogénea. Tampoco pudo consolidarse eliminando físicamente a una parte de su población, como ocurrió en otros lugares del continente donde las élites criollas construyeron Estados modernos sobre el exterminio indígena. En Bolivia eso era imposible. No solo la mayoría de la población era indígena, sino que había una sociedad lo suficientemente organizada como para ser útil para el sostén material de la economía colonial.

La colonia española en Bolivia no fue solamente evangelización, escuelas o administración imperial, como piensa Isabel Ayuso o gente como ella. Fue un régimen brutal de explotación construido alrededor de la extracción minera, especialmente de la plata de Potosí. A diferencia de otras regiones, aquí los españoles necesitaban conservar viva a la población indígena porque requerían su conocimiento minero y su fuerza de trabajo. La convivencia desde su nacimiento fue desigual. Los españoles arriba y los indígenas abajo, útiles para enriquecer a la corona y para servirles. La mita, el pongueaje y otras formas de explotación colonial organizaron durante siglos una sociedad donde la mayoría indígena trabajaba y producía, mientras una pequeña élite blanca concentraba el poder político, económico y cultural.

Sin embargo, esa mayoría indígena nunca dejó de resistir.

A lo largo de toda la colonia hubo levantamientos, cercos y rebeliones indígenas. Y ahí nace también una lógica política que Bolivia arrastra hasta hoy: el bloqueo y el cerco como instrumentos de presión política. Cuando los sectores indígenas sufrían tratos peores con un nuevo cacique, por ejemplo, la única manera de hacerse visibles era paralizando el funcionamiento del territorio.

Más tarde llegó la independencia y no resolvió esa fractura.

Como recuerda el........

© El País