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AMIA, Bolivia y el largo eco de Irán: de las víctimas olvidadas al caso Nisman

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22.01.2026

Cuando el coche-bomba destruyó la sede de la AMIA en Buenos Aires, el 18 de julio de 1994, no sólo fue Argentina la que quedó marcada por el atentado terrorista más grave de su historia. Bolivia también fue víctima directa: seis ciudadanos bolivianos murieron entre las 85 personas asesinadas. Sus nombres —Erwin García Tenorio, David Barriga, Rimar Salazar Mendoza, Eugenio Vela Ramos, Adhemar Zárate Loayza y Juan Vela Ramos— aparecen hoy apenas en registros conmemorativos, pero constituyen un dato político y moral ineludible: el terrorismo que golpeó a la AMIA alcanzó de lleno a América Latina.

Durante años, esas víctimas extranjeras quedaron diluidas en una narrativa estrictamente nacional. Sin embargo, la presencia de bolivianos entre los muertos refuerza una idea clave para el presente: el atentado AMIA fue un acto de terrorismo internacional, con consecuencias regionales, cuya impunidad sigue afectando a varios países, no sólo a la Argentina.

Esa ambigüedad política también alcanzó a Bolivia. Pese a haber perdido seis ciudadanos en el atentado a la AMIA, el Estado boliviano firmó en 2011 un memorándum de cooperación bilateral en seguridad y defensa con Irán, teniendo como interlocutor al general Ahmad Vahidi, entonces ministro de Defensa iraní y señalado por la Justicia argentina en la causa AMIA. La fotografía de Cecilia Chacón junto a Vahidi, en Santa Cruz, sintetizó una alineación contra natura: un país víctima del terrorismo........

© El País