Mitos de las nativas digitales
que se escabulle de la foto, la víctima que ya no cruza una frontera sino un algoritmo, el dinero que se evapora en una transferencia de banca móvil con QRs que nadie observa de verdad. Hoy quiero detenerme en el eslabón que damos por descontado, ese que creemos a salvo: la propia víctima, a la que nombramos con una ternura peligrosa “nativa digital”.
Repetimos esas palabras como un amuleto cada vez que una persona adulta se siente torpe frente a una pantalla, con la certeza de que nuestras hijas e hijos vinieron al mundo con un manual de internet bajo el brazo. Nacieron con una pantalla en las manos y crecieron entre celulares, seguro saben todo de tecnología. Es una idea cómoda, casi tierna, pero falsa.
El término lo propuso Marc Prensky en 2001, de manera irresponsable diría yo, porque no tenía ni una sola investigación seria que lo respaldara. Dos décadas después, los estudios serios coinciden en algo incómodo: la diferencia de habilidad entre dos adolescentes cualesquiera suele ser mayor que la que separa a la adolescencia de la adultez. Nadie sabe de tecnología por haber nacido en la fecha correcta. Lo que existe es una generación que sabe abrir aplicaciones, ver videos cortos durante horas y jugar, y confundimos esa destreza con experticia digital. Es como creer que quien domina el control remoto de la TV sabe de ingeniería electrónica.
La trampa tiene un detalle perverso: la propia juventud se lo cree. El 71% de las y los jóvenes se considera la persona más experta en tecnología de su casa, pero más del 30% no sabe ni configurar la privacidad........
