Las certezas de plastilina
El 23 de septiembre de 2016 publiqué la primera columna de Desde mi barbecho en su segunda época. Yo era diez años más joven y tenía, creo, diez años más de certezas. No recuerdo si entonces entendía mejor el mundo, pero seguro que creía que sí. A cierta edad uno descubre que ambas cosas no son lo mismo.
Este viernes faltarán apenas cinco días para que se cumpla una década desde aquel comienzo. Desde entonces quedaron más de trescientas cincuenta columnas, una pandemia, demasiadas elecciones, tecnologías que parecían de ciencia ficción y un país polarizado que cambió varias veces de humor y de gobierno, sin cambiar de problemas. Y también cambié yo.
Durante ocho años me senté cada semana frente a una página en blanco intentando encontrar algo que valiera la pena decir. Y algo de vanidad debe haber en eso: creer que uno tiene algo que los demás deberían leer. Después vino una pausa de un año. Mi particular annus horribilis. La llamé, con cierta solemnidad, “paro indefinido”. Por fortuna, resultó menos indefinido que algunas obras públicas.
Volví con menos certezas que en 2016: ya no escribo para........
