El vacío del debate
En julio de 1945, pocas semanas después de que Alemania se rindiera y Europa respirara libre, los británicos fueron a votar. Winston Churchill, el hombre que había sostenido la democracia occidental con discursos, firmeza y con sangre, perdió las elecciones. El pueblo que lo aplaudió como héroe lo derrotó en las urnas. Churchill aceptó, la democracia siguió. Nadie quemó nada.
Ese episodio no es una anécdota histórica curiosa. Es su mejor definición. La democracia no es el líder. No es la emoción del momento. No es el espectáculo. Es el sistema que funciona incluso cuando elige lo inesperado, cuando vota en contra del héroe, o cuando decepciona. Eso es lo que Colombia necesita recordar este lunes después de haber votado.
Porque lo que vivimos en estas semanas de campaña no siempre fue democracia. Fue, en demasiados momentos, espectáculo. Y un espectáculo mal montado.
Empecemos por lo más visible: los debates. O mejor, por su ausencia. Colombia llegó a........
