Señores Infibagué: me han atracado dos veces
En una sociedad que rinde culto al deporte materializado en copas, medallas y millones, solemos olvidarnos de los muchos ciudadanos que, sin mayor ostentación, dedican lo mejor de su tiempo libre al ejercicio no competitivo de ese derecho fundamental llamado deporte, buscando aprovecharlo tan solo para preservar la salud física y mental, que tanto suele deteriorarse a causa del sedentarismo.
Tras la búsqueda de ese bálsamo, aproximadamente 60 personas aprovechábamos a diario las instalaciones del Estadio Manuel Murillo Toro para realizar en su pista atlética actividades de trote con fines recreativos. Así estuvimos durante aproximados 25 años hasta que llegaron unos promisorios aires de progreso. Se nos dijo que el municipio había contratado unas mejoras a dicha pista, lo cual contribuiría a que mejoráramos nuestro desempeño, pero que, mientras tales obras no se concluyeran, no nos volverían a dejar entrar a sus instalaciones.
Dicha obra se realizó, pero vino acompañada de la orden de no volver a abrirnos las puertas para no deteriorar la nueva pista atlética. Es decir, se mejoró el escenario, pero para ponerlo al servicio de nadie para que no se deteriorara. ¡Vaya mejoras!
Ante esta decisión, los usuarios de la pista terminamos trotando por fuera, en el duro piso, bajo los aleros de las tribunas, con el agravante de que un alto porcentaje abandonó esta saludable práctica, de que muchos más lo hicieron más tarde y otros lo vengan haciendo ahora, dado que Infibagué, por ahorrarse unos pesos, intensificó el problema al ordenar que se apaguen las luminarias en algunos sectores, lo que ha convertido en actividad de alto riesgo nuestros recorridos matinales. Quien esto escribe ya ha sido víctima de los atracadores en dos oportunidades, sin saberse cuántos más habrán corrido con parecida suerte. La consecuencia es que ya somos muy pocos los usuarios que, a oscuras, continuamos arriesgándonos en este escenario.
El señor gerente de Infibagué debe tomar cartas en el asunto y devolver a estas áreas los niveles anteriores de luminosidad, antes que poner en peligro, por ahorrarse unos pesos, la seguridad de la ciudadanía. Esto le ayudaría a la entidad a cumplir su objetivo de fomentar y contribuir al desarrollo de Ibagué y al mejoramiento de la calidad de vida de la población, especialmente la de los usuarios de este escenario, la gran mayoría pertenecientes a la tercera edad, a quienes no les está quedando más que esperar la muerte al ritmo en que se agudizan los males propios de su edad.
