Cables submarinos y la punta del iceberg
Esta disputa entre las dos superpotencias por el cableado submarino es solo la punta del iceberg de una lucha mucho más frontal y directa, la que se apacigua de vez en cuando para volver a emerger.
La reciente noticia de cancelación de visas a tres funcionarios del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (incluido el ministro Juan Carlos Muñoz) señaliza un acto hostil de parte del Gobierno de Trump, el cual está en su pleno derecho a ejercer así su soberanía. En la misma línea, el delfín de Trump, Marco Rubio, señala en un comunicado del Departamento de Estado, que “ha tomado medidas para imponer restricciones de visado a tres funcionarios del Gobierno chileno que, a sabiendas, dirigieron, autorizaron, financiaron, prestaron un apoyo significativo y/o llevaron a cabo actividades que comprometieron infraestructuras críticas de telecomunicaciones y socavaron la seguridad regional en nuestro hemisferio” (sic).
Como se ha señalado, el proyecto de cable China-Chile Express, impulsado por China Mobile, de Valparaíso a Hong Kong, estaba analizándose independientemente del origen nacional de los inversionistas, que es el marco jurídico sobre el que se asienta este principio. Se ha conocido recientemente que había avances significativos para su plena tramitación, así como retrocesos y chequeos para seguir adelante en el mismo. Paralelo a esto, ha existido también contra el cable Chile-China Express un férreo lobby del embajador de EE.UU., Brandon Judd.
Lo que debe quedar claro para las autoridades norteamericanas (no solo en el papel) es que Chile es una economía abierta, que no distingue en el origen de los inversionistas, y que esta apertura global reconocida incluso ya por gran parte de la izquierda chilena es parte del activo país.
Fortalecer la confianza con el socio norteamericano (en defensa, en inversiones, en comercio y en asegurar reglas claras para asignar grandes proyectos independientemente de la nacionalidad del proveedor) es tan vital como asegurar a China una posición expectante en los megaproyectos que nuestra economía ofrece (cables submarinos, concesiones, infraestructura, electricidad, etc.).
La llamada “autonomía estratégica” es algo que el nuevo Gobierno de Kast debe reivindicar para no dañar la estructura económica de nuestro país, con efectos adversos en empleo, innovación, cooperación internacional y exportaciones. Esto es en todo caso lo contrario a lo que hace Trump en EE.UU. con su guerrilla arancelaria sin cuartel.
Numerosos estudios señalan que los aranceles han significado más costos para las empresas norteamericanas, y que incluso Trump logró lo imposible, que es aumentar las importaciones de aquellos productos cuyo arancel estaba destinado a reducirlas, y además el voluminoso déficit comercial norteamericano entre 2024 y 2025 casi........
