Soliloquios de café: “La necesaria e imprescindible conciencia ambiental”
Entre los mejores recuerdos de mi niñez está lo que yo denomino el descubrimiento de Chichiriviche, por allá, a principios de los años cincuenta.
Tendría cuatro o cinco años de edad, cuando comenzó la familia a realizar la expedición de llegar a las mejor y más fabulosa playa que he conocido, era toda una aventura, no existía la recta que une al actual emporio turístico con la carretera de la Costa, hacía Coro; Chichiriviche era una aldea olvidada de pescadores, no había casas de veraneo. Había una laguna de agua salada que servía de reservorio a las garzas y al Ibis Escarlata (Eudocimus robar), que con su vuelo sereno me llevan a vivir de nuevo a mi padre y lo veo observándolos con sus binoculares, era un apasionado por estas aves rojizas de majestuosa belleza y en su estadía, mientras todos nos divertíamos, él prestaba atención médica gratuita a los pobladores…
Don Ruperto Rodríguez y don Juancho Hoyer, para aquel entonces dueños de “Casa Record”, (porque mi tío José Benigno Apóstol González, todavía no era el propietario de la longeva empresa que está celebrando su 80º aniversario) enviaban dos o tres camiones con los enseres necesarios para nuestra estadía playera, cocinas, neveras a gas, lámparas a gasolina blanca, camas, la comida, etc., etc.,........
