¿Por qué soy insegura? #8M
Una de las cosas con las que más he lidiado en mi vida es la inseguridad: sentir que no soy lo suficientemente bonita, inteligente o capaz. Con el tiempo he descubierto que no soy la única. Distintas investigaciones muestran que esta sensación atraviesa a muchas mujeres. Entonces el dilema es: ¿por qué a las mujeres nos cuesta tanto trabajo confiar en nosotras mismas?
La inseguridad parece formar parte de la experiencia de ser mujer. Cuando somos jóvenes dudamos de nuestro físico; cuando nos convertimos en profesionistas o emprendedoras, de nuestra capacidad; y cuando somos madres, de si lo estamos haciendo bien.
Esta inseguridad tiene raíz en las creencias que se nos han reafirmado a través de las palabras como que una mujer deber ser “recatada”, que Google define así: Recatada (o recatado) define a una persona, generalmente mujer, que es cautelosa, prudente, honesta y modesta en su comportamiento y vestimenta, evitando llamar la atención. Se asocia con la reserva, la decencia, la timidez o una elegancia discreta, mostrando recato ante los demás.
Una palabra tan sencilla deja ver cómo hasta hoy persiste una idea de cómo debe ser una mujer: correcta, medida, discreta, y sobre todo cómo está sometida a la constante aprobación y mirada exterior. Esto no deja mucho margen para equivocarnos.
Ahora, lo opuesto a ser una persona recatada es ser imprudente, que se define como “el” que asume riesgos. En resumen la mujer tiene menos margen para el error, mientras que al género opuesto lo que más se le permite es equivocarse.
Estas creencias han dado lugar a la llamada brecha de confianza en el ámbito laboral, que básicamente es que las mujeres aplican a un mejor puesto de trabajo hasta que tiene casi el 100% de los requisitos cubiertos, mientras que los hombres con un 60% aplican, pues tienen menos miedo a fallar.
Y para complementar el dato, en una entrevista con un integrante de Egon Zehnder, firma global de consultoría de gestión y búsqueda de ejecutivos, mencionan que uno de los retos persistentes que observan en las mujeres es la falta de confianza en sí mismas para aplicar a puestos ejecutivos.
Entender que la mayoría de las mujeres somos inseguras debido a la cultura, ayuda, pero no resuelve el problema, hay un gran trabajo por hacer. En mi caso hay días y situaciones en las que sigo teniendo miedo de dar mi opinión y dudo de mis ideas.
Paso a paso voy mejorando. Hay varias cosas que he tratado de quitar de mi lenguaje; por ejemplo, era muy dada, como se dice, a tirarme al piso para que la gente me levantara.
Decía frases como: “no soy tan bonita” o “yo la verdad no sé hacer esto tan bien como tú”, entonces la gente me consolaba con palabras amables. Era de las que me ofendía cuando algo hacía mal, en lo profesional me sentía segura de lo que hacía hasta que alguien me aplaudía y me confirmaba que lo estaba haciendo bien.
Y sí, es cierto que necesitamos reconocimiento, pero ¿cómo esperar de afuera lo que nosotras no nos podemos dar?
Cómo sentirte más segura
Ganar confianza en nosotras implica cambiar nuestra mentalidad y eso no se logra de un día para otro requiere constancia, aquí comparto algunas cosas que he puesto en práctica para lidiar mejor con la inseguridad.
1. Consumir contenido de crecimiento personal para mujeres
Como hemos visto, mucho de lo que creemos de nosotras viene de las palabras que se nos han repetido, entonces procuro siempre consumir contenido orientado al desarrollo personal de las mujeres. Mi lectura actual es Mujeres poderosas, un libro que encontré por 70 pesos en Oxxo y también estoy escuchando el podcast M- Flow de Paulina Greenham.
2. Haz una lista de tus logros.
En terapia hice una línea del tiempo en donde registré todo lo que ya he logrado: proyectos que salieron bien, retos que resolví y también los momentos difíciles de mi vida, estas experiencias también me han enriquecido de habilidades.
3. Perder el miedo a equivocarse
Tras la pérdida de personas muy queridas, como mi padre, he descubierto que la vida es un suspiro, así que he tomado la decisión de poner a prueba todas las ideas que voy teniendo, quizá falle o quizá no, pero no quiero limitarme por miedo o por el qué dirán.
POR DULCE ELENA GALINDO VILLA
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