El mundo después de Gaza
El mundo después de Gaza (Galaxia Gutenberg, 2025) no es una crónica del porvenir sino una genealogía del presente. Más que imaginar el desenlace del genocidio palestino, Pankaj Mishra (Jhansi, India, 1969) reconstruye la trayectoria política e intelectual que desemboca en Gaza como símbolo del colapso moral de Occidente. Su ambición es menos documentar una atrocidad en curso que desentrañar su significado y preguntarse cómo ha llegado a ser posible.
En la lectura de Mishra, los crímenes contemporáneos de Israel contra Palestina no abren una grieta nueva: revelan la perturbadora actualidad de una vieja fractura, la de un orden internacional que durante décadas cultivó la memoria del Holocausto judío en Europa mientras relativizaba, o simplemente olvidaba, la crueldad de múltiples experiencias coloniales en el resto del mundo. Gaza no inaugura esa contradicción, pero la vuelve inocultable; marca un momento en el que la hipocresía de condenar una violencia y tolerar la otra ya no puede seguir disimulándose.
El libro reconstruye el proceso mediante el cual la Shoah fue consolidándose como principal referente de la identidad occidental durante la posguerra, no sólo como emblema del mal absoluto sino también como fuente de autoridad política. Mishra no regatea la singularidad de ese horror, pero sí cuestiona sus usos políticos y los efectos de su institucionalización como principio de legitimidad histórica, entre ellos el blindaje que terminó brindándole al Estado israelí en su relación con el pueblo palestino.
Esa centralidad tuvo un costo. Mientras el Holocausto se convertía en el núcleo de la conciencia moral de Occidente, otras violencias —imperiales, económicas, raciales— quedaron relegadas a una zona de penumbra mucho menos atendida. Mishra subraya esas asimetrías con apasionada severidad. Su argumento no opone una memoria a las otras; muestra cómo el poder que adquirió la política de la memoria judía terminó relegando la violencia padecida por las víctimas de Israel, hasta volver casi invisible la impunidad con la que el expansionismo israelí en Medio Oriente ha sabido escudarse en ella.
Así, El mundo después de Gaza propone situar a Israel, como proyecto nacional, no sólo dentro de la conocida historia del antisemitismo europeo, sino también dentro de la historia del colonialismo moderno: un linaje incómodo para Estados Unidos y Europa, pero fácilmente reconocible en Asia, África, Medio Oriente y América Latina como experiencia de abuso, desposesión y exterminio siempre en torno a la “línea de color”. Ese desplazamiento no niega la tragedia de los campos de concentración del nazismo, pero sí se resiste a que siga funcionando como un recurso para excusar la violencia israelí contra los palestinos.
El ensayo de Mishra consiste, al final, en provincializar una memoria sin negarla. Y en sugerir que, si Gaza ha cambiado algo, no es sólo el rostro del horror contemporáneo, sino el mapa cultural desde el que ese horror reclama ser entendido.
POR CARLOS BRAVO REGIDOR
