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Correr un maratón no empieza en las piernas, empieza en la boca

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Detrás de cada corredor hay una disciplina silenciosa que no se ve en la meta: la de lo que come todos los días. Porque entrenar para 42.195 kilómetros no es solo acumular kilómetros, es aprender a alimentar el cuerpo como si fuera una máquina de resistencia, precisa y exigente.

La base de todo está en un principio simple, los carbohidratos son el combustible. El cuerpo los transforma en glucógeno y los almacena principalmente en los músculos y el hígado. Pero esa reserva es limitada. No importa cuán entrenado esté un corredor, el tanque no es infinito.

Y es ahí donde aparece uno de los momentos más temidos del maratón: “chocar contra el muro”.

No es una metáfora exagerada. Es una experiencia física real. Suele ocurrir entre el kilómetro 30 y 35, cuando las reservas de glucógeno se agotan casi por completo. De pronto, el cuerpo —que hasta ese momento respondía con ritmo y coordinación— se........

© El Financiero