Entre las pataletas de ahogado y la modernidad
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El Pacto Histórico y la Alianza por la Vida parecen todavía agobiados por la derrota que, sin duda, no esperaban. Es claro: no es fácil aceptar ni digerir un resultado tan estrecho y la victoria de un personaje estrafalario y corrupto que, en sus discursos, juega a dos bandas.
Por una parte, llama a la unidad, proclama que gobernará para todos, respetará y dará garantías a la oposición, pero… y ese pero es la otra cara de la moneda. Sin grandes matices, promete mano dura en un tono agresivo y pendenciero que recuerda las peores épocas del militarismo en Colombia. En esa gestualidad de confrontación, no cumplirá el ritual (que sí respetó el presidente Petro) de reunirse con el mandatario saliente, como símbolo de la transmisión pacífica del poder. Y hay que recordar que entre Iván Duque y el hoy inquilino de la Casa de Nariño había un enconado enfrentamiento por cuenta del llamado estallido social.
De la Espriella tiene, por lo tanto, descolocada a la dirigencia progresista con sus primeras medidas que resultan repulsivas: exaltar al gobierno genocida de Israel; meter a Colombia en el Escudo de las Américas, esa supuesta cruzada antinarcóticos que no es más que un mecanismo de injerencia militar permitida por un grupo de dirigentes de extrema derecha obnubilados con su jefe máximo, Donald Trump. Y siguiendo ese camino de entreguismo, decide convertir el Departamento de Justicia de Estados Unidos en un instrumento de amenaza y........
