Las mentiras y bulos con los que Trump cavó la tumba de sus aranceles
La palabra arancel se puso de moda desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Fue el término más utilizado por los españoles en 2025 y la economía mundial ha vivido expectante de sus vaivenes en el último año. El presidente de Estados Unidos sigue agarrado a este término como el instrumento mágico para remodelar las relaciones comerciales o el bálsamo de fierabrás que acabará con los desequilibrios de la economía americana.
Sin embargo, la semana pasada sufrió un correctivo cuando la Corte Suprema, bajo la presidencia de John Roberts, consideró ilegales por 6 votos a favor y sólo 3 en contra los aranceles, que Trump utilizó como arma para amedrantar a sus enemigos y premiar a sus amigos, sin el necesario respaldo del Congreso.
La Fed de Nueva York denuncia que las víctimas de los aranceles son los propios ciudadanos
El del Supremo no fue el único varapalo recibido por Trump. Un polémico estudio presentado esa misma semana por cuatro economistas del banco de la Reserva Federal de Nueva York ya revelaba los efectos nocivos, que están teniendo sobre la economía. El informe describe, en contra de lo que se había dicho de que el coste lo soportarían las empresas extranjeras, que son los consumidores y las empresas americanas los que absorben el 90% de las subidas.
El análisis de la Reserva Federal coincide con otras investigaciones similares realizadas por Harvard o el Instituto Kiel alemán, y con el sentido común. La conclusión de todos ellos es que los productores extranjeros no están reduciendo sus precios para compensar los aranceles, si no que estos los pagan los consumidores y, por tanto, se reflejarán en la inflación.
Los precios al consumo en Estados Unidos están en el 2,7%, muy por encima del objetivo del 2% establecido por la Reserva Federal. Si no subieron más es porque la presión sobre los precios se está compensando con el retroceso de los combustibles y con las ganancias de productividad, que son muy notables gracias a la extensión de la Inteligencia Artificial (IA). La ira de Trump contra el actual presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, se convertía en iracunda cada vez que este advertía de un alza de los precios por culpa de los aranceles. Espero que el candidato para sucederle, Kevin Warsh, sea mucho más prudente, si no quiere ser también víctima de los arrebatos verbales del presidente.
Además, tampoco se está fortaleciendo al dólar, que sería la manera de abaratar la compra de productos extranjeros por los americanos, sino al contrario, se debilitó. El resultado es un ligero descenso de las importaciones en la balanza comercial.
Naturalmente, el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, acudió a la CNBC a desmentir el informe al estilo Trump: "Es el peor que he visto en la historia del Sistema de la Reserva Federal". A Hassett le preocupa que los americanos empiecen a percatarse de que los grandes perjudicados por la política arancelaria son ellos.
Por eso quizá, este miércoles Trump aprovechó la Tribuna del Congreso para reafirmar que la "economía va maravillosamente bien" gracias a su gestión y que "los aranceles sustituirán con el tiempo al impuesto de la Renta, quitando un gran peso financiero a la gente". Una de las mentiras groseras a las que nos tiene acostumbrados y que pronuncia sin despeinarse. Las tasas aduaneras fueron la principal fuente de ingresos hasta 1913, fecha en la que se introdujo el impuesto sobre la renta. Hoy en día, Estados Unidos recauda por este gravamen más de 2,5 billones de dólares anuales, frente a los 420.000 en aranceles. Es decir, que éstos tendrían que multiplicarse por cinco en lugar de desaparecer, como dictó la Corte Suprema.
Trump también sugirió que podría equilibrar el Presupuesto federal eliminando el fraude, y designó al vicepresidente J.D. Vance para liderar la iniciativa. De nuevo, miente sin ninguna clase de tapujos, ya que el Gobierno deja de ingresar entre 230.000 y 520.000 millones de dólares anuales por fraude, mientas que el déficit federal -la brecha entre ingresos y gastos federales- es de aproximadamente 1,8 billones al año. Es imposible compensar una partida con la otra.
Pero aquí no acaban los engaños o las medias verdades. Trump aseguró que su política impulsaría un renacimiento industrial en suelo americano. Tal promesa tampoco se cumplió: los empleos en el sector manufacturero disminuyeron el último año. La razón estaría en que la incertidumbre regulatoria y la volatilidad de sus decisiones aplazan las decisiones de inversión. Además de que en la medida que las empresas soportan mayores costes de importación, tienen menos cash para otras cosas, como invertir o mejorar el sueldo de sus empleados.
La respuesta de los mercados al Día de la Liberación, en la que dio la lista de aranceles por países en abril de 2025 fue tan negativa, que rápidamente tuvo que retirarlos y renegociar tasas más bajas mediante acuerdos bilaterales. Posteriormente, reculó de nuevo para incluir múltiples exenciones a estas tasas. En resumen, es la reforma fiscal, la fuerte dosis de desregulación y el auge de la inversión en inteligencia artificial lo que está permitiendo que la economía mantenga su velocidad de crucero y no los aranceles.
Para colmo de males, alguno de estos pilares de la economía, como la reforma fiscal, puede estar ahora en entredicho. Trump prometió devolver a los americanos en esta campaña de la renta unos 4.000 euros por familia gracias a la reforma fiscal, que pretendía rebajar en 3,4 billones los impuestos, sobre todo a las clases altas. Pero sin aranceles, la aplicación de esta reforma degeneraría en un gran desequilibrio de las cuentas públicas, que elevaría la deuda en ocho puntos durante la próxima década y se traducirá en mayores costes para el bolsillo de sus ciudadanos.
La decisión de la Corte Suprema provocó una oleada de litigiosidad por parte de empresas que quieren recuperar su dinero. La sentencia no establecía el procedimiento para presentar estas reclamaciones, pero alrededor de 2.000 empresas habrían solicitado las devoluciones. Hay algunos nombres conocidos como Costco Wholesale, Goodyear Tire & Rubber y Barnes & Noble Purchasing, que presentaron sus demandas antes incluso del fallo de la Corte Suprema.
En resumen, los aranceles de Trump han sido un instrumento para lograr concesiones mediante amedrantamiento de países terceros como China o Brasil. Su naturaleza socava las bases de la economía americana al encarecer los productos al consumo, ahuyentar la inversión y sembrar el caos y la incertidumbre saltándose las normas establecidas.
La sentencia del Supremo contribuye más al liberalismo que pensadores como F. Hayek
Su anulación por el Supremo, lejos de solventar los problemas, agravará los desequilibrios fiscales que padece EEUU, ya que la deuda crecerá casi un punto adicional al año, lo que pone en cuarentena futuras rebajas fiscales.
Ya se sabe que se coge antes al mentiroso que al cojo. La sentencia restablece, en última instancia, el orden constitucional mediante el respeto de la separación de poderes y la protección a las libertades individuales. John Rogers está haciendo por la libertad del comercio que Friedrich Hayek y su cohorte de economistas librepensadores. Trump cavó con sus bulos y mentiras la fosa para los aranceles y el Supremo se encargó de poner la lápida encima. DEP.
PD.-La presidenta del BCE, Christine Lagarde, se descolgó esta semana con una extensísima entrevista en el The Wall Street Journal, que sonaba a réquiem o a despedida anticipada, como señalaron algunos medios internacionales. Lagarde no negó su marcha temprana ante las preguntas del rotativo neoyorquino, lo que en términos periodísticos se interpreta como una confirmación. Los países miembros del euro han desplegado ya discretas negociaciones en busca de sucesor. A la cabeza de las preferencias, según Financial Times o Bloomberg está el ex gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos.
Los expertos consultados por elEconomista.es aseguran que es difícil poner un presidente español en el BCE después del mandato de Luis de Guindos como vicepresidente, que finaliza este año. Después de Draghi y Lagarde, ahora tocaría un presidente nórdico, según una regla no escrita. Las reglas de elección no deberían regirse por criterios políticos o de turnos entre grupos de países, si no guiarse por las cualidades del candidato, de manera que se elija al mejor para preservar una política monetaria independiente en una etapa tan difícil para la moneda única.
En esta ocasión, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha expresado públicamente su apoyo a Hernández de Cos, pese a no ser de su cuerda política. Una decisión inteligente, ya que colocar a un ciudadano español en la cúpula del BCE redundaría en beneficio de la economía española y, por ende, de su Gobierno.
