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Mentes sanas: el camino a un mejor Juárez

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28.02.2026

Ayer 27 de febrero de 2026, se encendió una luz en pro de la psique de los juarenses, con el arranque del programa Movimiento por la Salud Mental. Con este “experimento” Ciudad Juárez rompe un hito social. En la Avenida Tecnológico #3573 (esquina con Ramón Rivera Lara), las puertas de la Casa Naranja se abren como una balsa de rescate emocional. El programa "Movimiento por la Salud Mental", liderado por la regidora Gloria Mirazo y el psicólogo Yael Trejo (al cual tengo el gusto de conocer como guía desde el inicio de mi propio proceso terapéutico), ofrece atención gratuita: lunes, miércoles y viernes (10:00 a 16:00 hrs) y martes y jueves (14:00 a 19:00 hrs). Este inicio reconoce una herida que la ciudad ya no puede ignorar.

Las cicatrices del 2008 son un trauma colectivo no sanado. No se puede entender la psique del juarense actual sin mirar al retrovisor. La violencia desatada en 2008 dejó una sangrienta huella de estrés postraumático colectivo que nunca fue procesada institucionalmente. Aquella época de inseguridad extrema alteró la química cerebral de toda una generación, normalizando el miedo y la hipervigilancia. Hoy, esas secuelas se manifiestan en una irritabilidad social crónica y en una profunda dificultad para confiar, alimentando los índices de violencia doméstica donde Juárez, lamentablemente, sigue siendo líder nacional según las estadísticas oficiales.

Lo que ocurre en la calle es el eco de lo que ocurre en casa. Juárez es de las ciudades más afectadas por los feminicidios, y la psicología forense es clara: generalmente, el asesino también fue victimado alguna vez. Sin terapia, el niño que presenció el horror del 2008 se convierte en el adulto que perpetúa el dolor. En el peor de los casos, se ha convertido en un asesino.

La infancia Herida y el Costo de la Maquila

El motor económico de la ciudad tiene un costo humano alto. Los padres dedican jornadas extenuantes al trabajo, provocando que los hijos crezcan con heridas de rechazo, traición y abandono. En esta ausencia, los menores quedan vulnerables ante el alto nivel de pedofilia y abuso. Estas heridas infantiles son el caldo de cultivo para la depresión y la ansiedad que asfixian a la frontera. El vacío emocional no se llena con dinero, sino con presencia y sanación.

El juarense vive en la trampa de la Resiliencia y el juicio contra los "locos". Culturalmente, el juarense se define como fuerte y resiliente. Sin embargo, esa armadura es una trampa: limita la búsqueda de apoyo. Al no atenderse, los problemas se convierten en crisis. Además persiste el miedo al juicio ajeno; nadie quiere que lo tachen de "loco". Pero es imperativo cambiar la narrativa: a terapia no van los locos, van quienes quieren estar mejor y ser mejores personas. Soy un creyente de que vine a esta vida a crecer, a aprender, a evolucionar. La terapia, desde mi óptica, es un atajo al aprendizaje. Las emociones y sensaciones mentales desagradables no son un síntoma de locura, son un llamado a hacer cambios que alivian. Son un llamado a buscar crecimiento y evolución.

Hay programas de apoyo psicológico que están muy lejos de lo que una ciudad como Juárez necesita. Hace días leía cifras sobre la atención que ha prestado el gobierno, pero hace cerca de un año personalmente busqué una cita en el Parque Central y me la ofrecieron para varios meses despúes porque no había espacio. Ahora, no es suficiente con abrir espacios. Particularmente, los juarenses necesitan un servicio psicoterapéutico que en primera instancia debe ser muy asequible. Gratuito está bien, pero no por eso debe ser burocrático. De por sí el juarense batalla para buscar apoyo mental. La mínima traba será pretexto para renunciar.

De todo corazón confío en que la Casa Naranja sea mucho más que una oficina. En mi deseo, se trata de un verdadero experimento de paz y humanidad, de salud colectiva, de bienestar mental. Si logramos que el hombre juarense rompa el tabú de la vulnerabilidad y que la madre trabajadora encuentre contención; si logramos que los niños de ayer (hoy adultos jóvenes) aprendan a reconocer y atender sus heridas emocionales, habremos transformado la ciudad desde su raíz: la mente. El camino a una ciudad segura no empieza con más patrullas, sino con más corazones sanos. La invitación está abierta: la salud mental es un derecho, y hoy es el día para empezar a reconstruirnos.


© El Diario