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El poder no se construye con likes

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30.08.2026

Antonio Gramsci tenía 37 años y era diputado cuando, en 1928, compareció ante el Tribunal Especial fascista en Italia. El fiscal Michele Isgrò pronunció entonces una frase que Giuseppe Fiori recogería en el libro Vita di Antonio Gramsci: “Per vent'anni dobbiamo impedire a questo cervello di funzionare”; que, precisamente, en español significa: “Durante veinte años debemos impedir que este cerebro funcione”. Detrás de aquella brutalidad existía una intuición política formidable, porque el fascismo había comprendido que las ideas, cuando consiguen organizar una sociedad, pueden resultar más poderosas que quienes temporalmente administran el Estado.

Eso es, en esencia, construir hegemonía. No significa ganar una elección ni alcanzar popularidad, sino conseguir que una interpretación del país termine convertida en sentido común, de manera que sus conceptos, valores y prioridades sean asumidos incluso por quienes inicialmente los rechazaban. La victoria más profunda ocurre cuando el adversario político ya no discute contra nuestras ideas, sino dentro de ellas, utilizando las palabras, las instituciones y hasta la lectura de la historia que nosotros conseguimos instalar.

Por eso la hegemonía se construye mucho antes de llegar al Gobierno y requiere algo que nuestra política ha despreciado durante demasiado tiempo. Primero, hay que comprender el país, reconocer sus fracturas, identificar aquello que se pretende superar y formular el orden que debería sustituirlo; luego, se necesitan intelectuales capaces de transformar ese diagnóstico en una concepción del Estado, economistas que le otorguen viabilidad, juristas que la conviertan en instituciones, dirigentes que la traduzcan políticamente y organizaciones capaces de llevarla hasta la sociedad. Solo después aparecen los símbolos, el lenguaje, las mayorías y las leyes.

Bolivia debería haber aprendido esta lección del MAS. Podemos cuestionar severamente su deriva posterior,........

© El Deber