El poder quebrado
La figura del vicepresidente en un sistema presidencialista no es (como se afirma con mucha frecuencia) meramente decorativa; representa la continuidad institucional y el respaldo de un proyecto político que fue validado en las urnas por la voluntad popular a partir de una propuesta conjunta entre ambos candidatos. Cuando un vicepresidente decide romper con el mandatario y combatir activamente su gestión, se genera un fenómeno complejo que trasciende la simple disputa política, trasluce una posible erosión institucional del Estado. Es una forma cada vez más frecuente en los brotes subversivos en contra de las democracias contemporáneas, propias de las posturas “progre” y los difusos postulados “Woke”, un concepto que ha pasado de ser una consigna de resistencia, a convertirse en un eje de polarización de corte fascistoide en las sociedades occidentales........
