¿Descentralización o liberalización?
La centralización del poder político no es una idea nueva. Desde los grandes imperios hasta el surgimiento de los Estados modernos, buena parte de la historia política puede leerse como un esfuerzo por concentrar autoridad, recursos y decisiones en un centro único de mando. La Edad Media, con su dispersión de reinos, señoríos, ciudades y jurisdicciones locales, interrumpió parcialmente esa tendencia. Pero con el ascenso de los Estados-nación, y sobre todo con la consolidación del modelo administrativo francés, la centralización volvió a ocupar el centro de la organización política.
La Revolución Francesa no inventó la centralización, pero sí le dio una forma moderna: racionalista, uniforme y administrativa. Bajo la idea de que la sociedad podía ser rediseñada desde la razón, se impulsó un modelo territorial homogéneo, donde las diferencias locales, los cuerpos intermedios y las formas espontáneas de organización fueron vistas muchas veces como obstáculos al progreso. Esa lógica, perfeccionada luego por el Estado napoleónico, influyó profundamente en buena parte del mundo, incluida América Latina.
Naturalmente, existieron excepciones. Inglaterra preservó una tradición jurídica y política menos inclinada al centralismo administrativo continental. Estados Unidos, como observó Tocqueville, desarrolló una sociedad civil vigorosa y una cultura de autogobierno local que hizo mucho más difícil la imposición de un poder central excesivamente absorbente. Sin embargo, una mirada superficial a la realidad de la mayoría de nuestros países basta para advertir que aspectos decisivos de la vida social —desde la........
