Mundiales de fútbol: lo bueno y lo feo
Para mí, los campeonatos mundiales de fútbol existen desde 1950. Antes hubo varios, pero no están en mi vida. Sé que hubo grandes selecciones y formidables jugadores que se enfrentaron en 1930, 1934 y 1938. Pero esos mismos jóvenes se estaban matando a tiros en 1939. ¿Es posible que la juventud pasara de los campos de fútbol a las trincheras? ¿Que en vez de un “faul” el castigo fuera un tiro?
Pues el Mundial de 1950, hubiera pasado desapercibido para mí, porque era un niño que aprendía a leer, si no fuera que los uruguayos ganaron, contra todo pronóstico a las estrellas de Brasil. El “maracanazo” de los charrúas fue apoteósico y hasta escandaloso en el fútbol mundial.
Del campeonato de 1954 ya me enteré, estando en la escuela primaria, que los alemanes habían derrotado en la final, inexplicablemente, a la formidable Hungría de Puskas, Csibor y Koksis, con un gol de un desconocido Helmuth Rahn. Otra sorpresa, que, para Alemania, tuvo un grandioso significado.
En 1958 ya tenía la suficiente edad como para deleitarme con las noticias que llegaban por los periódicos, las radios y se veían en los cines, desde Suecia, que contaban de las maravillas de Pelé, Didí y Garrincha; de los goles de Just Fontaine y de un formidable arquero ruso al que apodaban la Araña Negra. Fue la primera Corona de la Jules Rimet ganada por Brasil.
En 1962, el Mundial........
