Inflación negada, realidad deformada
Mirar al pasado es una función biológica y psicológica: lo usamos para reducir la incertidumbre y tratar de anticipar el futuro. Sin embargo, Paul Valéry ya advertía en 1918 que el futuro no puede inferirse mecánicamente del pasado; Arthur C. Clarke retomó esa idea para mostrar cómo el progreso tecnológico desborda cualquier previsión, y el movimiento punk la convirtió en una crítica a las promesas incumplidas del progreso. En Bolivia, hoy, esta limitación se ve agravada por una ceguera estadística voluntaria.
En los próximos meses, el país recibirá las estadísticas económicas de 2025 —ventas, recaudación, depósitos, cartera bancaria y situación patrimonial y financiera de los sectores público y privado— que servirán de base para proyectar escenarios y expectativas para 2026. Sin embargo, estas proyecciones nacerán viciadas por un error estructural: con una inflación superior al 20% en 2025, según el INE, los datos de 2024 y 2025 no son directamente comparables. El uso de cifras nominales sin ajuste por inflación introduce una distorsión que impide comprender la evolución económica real.
Hasta 2021, Bolivia aplicaba el ajuste por inflación contable. Su suspensión, bajo el argumento de que la inflación era inexistente, generó distorsiones crecientes: las cifras de 2024 presentan una desviación cercana al 10% respecto a 2023, y las de 2025 superan el 20% frente al........
