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Piratas del voto

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13.09.2026

Los candidatos creen contratar asesores para ganar una elección, pero a veces terminan entregándoles algo más importante que una campaña. Terminan cediéndoles su propia identidad.

El asesor ausculta el humor colectivo, estudia los temores, fabrica un enemigo y decide qué emoción explotar. Pero su primera labor es ganarse la confianza del candidato. El recurso infalible es llenarlo de loas y exaltar sus muchas virtudes. 

Si triunfa, se atribuye la victoria. Si fracasa, desaparece, muchas veces a bordo del primer avión.

Bolivia ofrece tres ejemplos.

Luis Fernando Camacho alcanzó proyección nacional porque encarnó la resistencia contra Evo Morales. Su fuerza provenía de la autenticidad y valentía que muchos encontraron en él durante la crisis de 2019.

Por eso resultó contradictoria la incorporación de Wálter Chávez a su entorno. El peruano había trabajado años cerca de Evo. Su país solicitó su extradición por presuntos vínculos con el MRTA, acusaciones que Chávez negó. Bolivia rechazó el pedido por su condición de refugiado.

Su llegada no fue políticamente neutra. Para muchos que habían depositado su esperanza en Camacho, representó el abandono de los valores que éste había encarnado y fue interpretada como una traición. La contradicción enturbió su imagen y deterioró su liderazgo.

Jaime Durán Barba llegó a la campaña de Tuto Quiroga con un método claro. Leyó con acierto el rechazo al MAS y convirtió a cada rival en un masista encubierto. El ecuatoriano sembró dudas sobre Manfred Reyes Villa y después sobre Samuel Doria Medina. Redujo la elección a una........

© El Deber