Cuando cambiar ministros no reemplaza un plan de país
Los cambios de gabinete suelen representar un punto de inflexión. Son la oportunidad para corregir errores, redefinir prioridades y enviar un mensaje de renovación. Sin embargo, cuando los relevos ministeriales no vienen acompañados de un cambio de rumbo ni de una estrategia claramente definida, terminan convirtiéndose en un simple reacomodo administrativo. Eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo con el gobierno de Rodrigo Paz.
Después de casi nueve meses de gestión, la principal crítica ya no gira únicamente alrededor de la crisis económica, la escasez de divisas o la inflación. El cuestionamiento más profundo apunta a la sensación de que el Gobierno carece de un proyecto integral de país. Las decisiones parecen responder más a la coyuntura que a una planificación de largo plazo. Se anuncian reformas, se crean ministerios para luego eliminarlos, se modifican estructuras del Estado y se reorganiza el gabinete, pero resulta difícil identificar un hilo conductor que permita comprender hacia dónde se pretende llevar a Bolivia. Esa percepción de improvisación ha sido señalada incluso por analistas políticos que inicialmente respaldaron el cambio de gobierno, quienes sostienen que existe un “norte difuso” y una falta de claridad estratégica.
Un gobierno no puede administrar una crisis únicamente reaccionando a los acontecimientos. Gobernar implica anticiparse, priorizar, coordinar y ejecutar un plan coherente. Cuando las decisiones aparecen aisladas, sin relación entre sí y sin una narrativa consistente que las explique, la ciudadanía termina interpretándolas como improvisaciones. El problema no es cometer errores; todos los gobiernos los cometen. El problema es que esos errores transmitan la impresión de que no existe una........
