menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Cara a Cara

8 0
previous day

Hay épocas que no anuncian cambios: los exponen. Bolivia atraviesa una transición subnacional que, en teoría, debería ser ejemplo de madurez democrática. Y algo de eso hay. Algunos alcaldes y gobernadores se despiden con informes ordenados, cifras claras y el intento —legítimo— de salir por la puerta ancha. Así debería ser siempre. Pero no alcanza ni para estadística: los casos se cuentan con los dedos de una mano… y sobran.

El contraste llega desde la Asamblea Departamental de Santa Cruz, donde lo institucional empieza a oler a cálculo. ¿Qué empuja a algunos asambleístas salientes a intentar modificar reglas internas justo antes de irse? No es derecho, es otra cosa: decencia política y personal. Y cuando esa vara cae, lo que queda no es debate normativo, sino maniobra.

En paralelo, el país mirará la foto de poder con voto: Rodrigo Paz se reunirá con los nueve gobernadores electos. Llegan con una agenda sencilla de entender y difícil de resolver: no hay plata. Y la respuesta, casi automática, será pedir más: el famoso 50/50. El Presidente incluso ha coqueteado con la idea de un horizonte federal. Habrá que ver si responde con estructura o con discurso.

Y mientras tanto, en la Alcaldía de Santa Cruz cada día aparece un nuevo dato, una deuda escondida, un rastro incómodo en algún escritorio. Lo que viene no es una simple auditoría, es una fumigación profunda. Porque cuando las plagas se enquistan en la gestión pública, no basta con espantarlas: hay que erradicarlas. Y eso, inevitablemente, tiene costo político.

(*) César Del Castillo es editor


© El Deber