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Yo, S.A.: 10 ideas para dirigir tu propia vida

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21.08.2026

Es un martes a las 23:40. Estás en el sofá, la casa en silencio, y decides si aceptas ese puesto, si pides cita con el médico, si este mes llegas. Sin informe, sin asesor, sin acta. Cualquier consejo de administración dedica semanas a decisiones menores, y aun así las toma entre varios.

Llevo tiempo sentándome enfrente de quien dirige empresas de referencia, y algo se repite: cuanto más alto llega alguien, menos decide en soledad. La partida difícil se juega fuera de ese despacho. Tom Peters lo escribió en 1997: todos somos directores generales de nuestra propia empresa. Muchos lo leyeron como marca personal, y va de algo más serio. Un buen director general hace 3 cosas. Decide sobre lo que está en su mano. Cuida a la gente que tiene alrededor. Y no deja nunca de aprender.

Agosto es el mes en que pensamos con cierto relax. Después llega septiembre y entramos en memoria de pez. Van 10 ideas y caben en esas 3 líneas. Ninguna es nueva. Pero todas caben en un septiembre.

1. Lo que desgasta no es la carga, es no elegirla

Vas en el asiento 14C, entra una turbulencia y se te agarra el estómago. Esa mañana has hecho 40 minutos por una nacional escuchando la radio, tan tranquila. Los números dicen que el peligro estaba en la carretera. Tu cuerpo dice otra cosa, y no mide el riesgo. Mide quién lleva el volante.

Un estudio siguió a 10.308 funcionarios británicos durante años: quienes tenían poco control sobre su trabajo presentaban casi el doble de riesgo de problema de corazón. Ni la cantidad de trabajo ni el apoyo de los compañeros se relacionaron con ese riesgo. Solo el control.

Y no solo desgasta pasar el día ocupado en algo que decide otro. También la energía que gastamos gobernando lo que jamás estuvo en nuestra mano. Cuando algo importante depende de un tribunal, un médico o una respuesta que no llega, la cabeza no aguanta y se fabrica un control de mentira: ordenas un cajón, discutes con un desconocido en internet, miras el móvil 11 veces por si acaso. Nada de eso cambia el resultado. Todo eso cansa igual.

De ahí que la primera tarea de quien dirige algo sea dibujar el perímetro: qué depende de ti y qué es de otro. Tu terreno es más pequeño de lo que crees, y dentro de él nadie te gana. Elegir la pelea también es dirigir. La pregunta incómoda es cuánta energía llevas años gastando al otro lado, en batallas que ni elegiste.

2. La única decisión del día que nadie te discute

Un domingo sin plan. Nadie va a verte, no hay foto. Te levantas y resuelves en 3 segundos si te duchas ahora o más tarde, si eliges lo que te pones o coges lo primero. Esos 3 segundos dicen más de lo que parece.

Cuando alguien atraviesa una etapa dura, lo primero que se cae es el despertador, mucho antes que la cuenta corriente. Para qué elegir la camisa si el día no promete nada. Quien ha perdido un empleo o ha visto cerrar su negocio lo sabe: primero se apaga el aspecto, después todo lo demás, y volver a encenderlo cuesta el triple.

A una amiga que estuviera pasando por eso le dirías que se cuidara. Le insistirías, le ofrecerías ayuda, se lo repetirías al día siguiente. A ti misma te aplicas una norma más dura: ya me cuidaré cuando esto pase. Somos lo que nos decimos, y el listón está en tratarte con el mismo respeto con el que tratarías a tu mejor amiga.

Se sabe bastante sobre cómo influye la ropa en quien la lleva: una prenda activa un significado que te acompaña. Funciona porque tú te ves. Y la diferencia está en si esa prenda es tuya o llevas puesto lo que se lleva.

Hay días en que esos 4 minutos delante del espejo son lo único que consigues gobernar. No dependen del mercado ni de tu jefe, y siguen ahí el peor martes de tu vida.

3. Nadie decide bien en reserva

Se enciende la luz del depósito y sigues. Calculas: me quedan 40 kilómetros, la gasolinera está en la salida siguiente, llego. Y casi siempre llegas, que es el problema, porque lo repites hasta el día en que te quedas tirada. Con el descanso igual, solo que la luz lleva años encendida. Son las 00:40, mañana entras a las 8, el capítulo dura 50 minutos, y todos sabemos cómo acaba ese cálculo.

Tratamos el descanso como recompensa. Cuando termine esto, paro. Cuando pase el verano, me apunto a algo. Ninguna empresa aplaza el mantenimiento de su única máquina, y detrás de casi todo el agotamiento late la misma creencia: que somos directores generales del universo. El puesto real es más modesto.........

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