Hernán Cortés, a estas alturas
Cuando no puedes escribir el futuro, mejor reescribir el pasado. Es lo que leo en la frente de los políticos al enzarzarse en disputas del siglo XVI como las de Ayuso y Sheinbaum, o como cuando Sánchez saca el comodín de Franco mientras se casca una legislatura entera sin presentar presupuestos: pura esterilidad. Los políticos, nos dicen en campaña, vienen a arreglar las vidas de la gente. A ratos pienso que la política se está convirtiendo precisamente en el arte de eludir los problemas de la gente, en hablar de entelequias, con su consecuente desviación de fuerzas a construir estructuras profesionales o de partido con las que sostenerse ellos y, esta vez sí, su futuro.
La colonización de América, hoy. La inmensa parida de estar debatiendo la figura de Hernán Cortés en pleno 2026 viene en primer lugar de la creencia de que la historia es "buena" o "mala" en un sentido moral, y que el que ocupó el papel de malo tiene que pedir perdón al que ocupó el papel de bueno, es decir, la víctima. La filósofa americana Susan Neiman, en su libro window.ECCO.emit('EC:import:ec-ecommerce-body-tag'); Izquierda no es woke (Debate) reflexionaba sobre cómo en los últimos años se había producido un cambio de paradigma en el que "el protagonista de la historia ya no era el héroe,........
