menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Un laberinto fiscal de dos mil páginas: Hacienda agrede al contribuyente

4 0
07.04.2026

Hay libros que se escriben para disfrutarlos; otros para aprender; otros para ser citados o consultados. El irónicamente llamado Manual práctico del IRPF que acaba de perpetrar la Agencia Tributaria, no está hecho para ninguna de esas cosas. Su función primordial es más bien intimidatoria.

Sus casi dos mil farragosas páginas son una agresión al contribuyente, sobre todo al malhadado trabajador por cuenta propia, al que se recuerda quién manda aquí y se conmina a no pasarse de listo en su declaración. Si el IRPF necesita miles de páginas para explicarse es porque su complejidad no es accidental, sino deliberada.

Franz Kafka comienza la pesadilla burocrática que es El proceso con una frase inquietante: “Alguien debió de haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada malo, una mañana fue detenido”. El contribuyente español —y, como digo, especialmente el autónomo— vive hoy con esa misma incertidumbre. No sabe si ha hecho algo mal, pero sospecha que, en algún lugar de esas 1.899 páginas, existe una norma, una excepción o una interpretación que podría convertirle en culpable.

Y todo ciudadano de bien que haya tenido problemas con Hacienda sabe que ser culpable o inocente es lo de menos: en ambos casos, se va a iniciar un proceso interminable, que le obligará a pagar por adelantado si osa tratar de defenderse, que le va a costar salud, bienestar y años de vida. Que puede incluso costarle la muerte civil, como un acto de fe, si termina en una lista negra.

El inspector, con presunción de veracidad

El inspector no necesita tener razón. Solo debe encontrar tal razón a posteriori o, si no la hay, acusar al ciudadano de simulación y construir un relato alternativo que además gozará de presunción de veracidad. A partir de ahí, será el acusado quien tenga que demostrar su inocencia de unos cargos que no entiende –generalmente porque no existen–: Hacienda pierde juicios casi a diario.

El Manual práctico del IRPF parece una anécdota, pero es un instrumento de poder cuya función es enviar un mensaje claro: que el terreno de juego picará siempre cuesta arriba para el contribuyente y que la administración cuenta con la potestad de reinterpretar o cambiar las normas a mitad de partido de manera arbitraria. Son dos mil páginas de separación entre un ciudadano inerme y una Agencia Tributaria todopoderosa que cuenta con todo el tiempo, todos los recursos y toda la paciencia del mundo.

La administración cuenta con la potestad de reinterpretar o cambiar las normas a mitad de partido de manera arbitraria

Tal complejidad deliberada hace que cumplir correctamente con Hacienda se haya convertido en una tarea hercúlea para muchos. Si quieres seguridad jurídica y un mínimo de tranquilidad, tendrás que pagar a un asesor o a una gestoría para que te guíen por el laberinto. Y en España se cree que esta administración absolutamente hostil es algo normal. Son las consecuencias de décadas de abuso emocional: ningún otro país de la OCDE funciona así.

Entre tanto, la Agencia Tributaria desliza uno de sus siniestros recordatorios: el contribuyente seguirá siendo culpable aunque su declaración del IRPF la haya hecho un experto. Efectivamente, incluso con ayuda profesional, nadie puede garantizar que no haya una lectura alternativa, una interpretación distinta o un criterio cambiante que acabe volviéndose en su contra.

Todas las pesadillas fiscales posibles

En El libro de arena, Jorge Luis Borges imaginó un monstruoso volumen infinito: un libro sin principio ni fin, cuyas hojas no podían ordenarse del todo, en el que era imposible encontrar la primera o la última, y cuya inconcebible página central carecía de revés. Sin ser infinitas, las normas de Hacienda son también un texto sin centro, ni principio, ni final: un cajón de sastre en el que caben todas las pesadillas fiscales posibles.

Además, la complejidad deliberada es marcadamente regresiva: no es lo mismo enfrentarse a ella con un equipo de asesores que hacerlo en solitario, como tienen que hacer los trabajadores más vulnerables. Y no digamos ya los extranjeros, para quienes este manual es una invitación a desistir de sus inversiones y sus sueños españoles.

Mientras unos tienen recursos para litigar, otros se verán obligados a aceptar una tregua forzosa hasta el ejercicio fiscal siguiente. El laberinto fiscal desincentiva la inversión mediante el miedo, elemento decisivo en cualquier decisión económica: el miedo a equivocarse, el miedo a no entender, el miedo al proceso interminable, al libro de arena sin principio ni fin conocidos.

El embrollo fiscal español intimida tanto por la temida sanción como por el campo de minas que lleva a la misma: años de desgaste, incertidumbre y desigualdad de armas ante los que muchos no pueden permitirse tener razón. Terminan, como el Josef K. de Kafka, reconociendo una culpa que ni entienden ni conocen para al menos poner fin a la pesadilla del propio procedimiento.

Mientras unos tienen recursos para litigar, otros se verán obligados a aceptar una tregua forzosa hasta el ejercicio fiscal siguiente

De las consecuencias económicas para España de este sistema venimos avisando desde hace meses. Pero no hay que olvidar las implicaciones culturales, acaso aún más graves: si emprender o invertir expone al ciudadano a la ira de la Hacienda pública, la economía se vuelve más cauta, rígida y dependiente. Al riesgo empresarial se une el administrativo, poniendo en fuga el talento.

Diferentes gobiernos repiten que España necesita más innovación, más iniciativa y más tejido empresarial. Claro que sí: lo que no dicen es que para eso se requiere un sistema fiscal que no actúe como mecanismo de disuasión. Digámoslo claramente: 1.899 páginas no son una herramienta, sino un amenazante aviso a los navegantes que carezcan de protección contra el monstruo fiscal.

Cumplir con la ley es algo fácil e intuitivo en las democracias europeas, pero la Agencia Tributaria se encarga de que España sea una excepción: mientras tanto, el contribuyente se ahoga entre las miles de páginas de un libro que, en realidad, es simplemente una pesada arma arrojadiza contra su forma de vida.


© El Confidencial