Las frutas del diablo
A sus 98 años, las frutas no han dejado de cautivar a mi amigo el periodista y escritor Jorge Velázquez Ramallo. Lo escucho hablar, sobre todo, acerca de sus incontables aventuras en los campos de su tierra natal y de cuánto le fascinan el mango, el plátano, la chirimoya y la frutabomba.
Le gustan tanto, que hace mil maromas con la escasa pensión que recibe para comprarse algún sabroso ejemplar de esta última. Pero de nada le vale el sacrificio, porque algo, quizás peor que la estrechez de dinero, viene a echar su sueño por tierra: las frutabombas han sido puestas a madurar de manera forzada y venenosa, bajo el efecto del © El Artemiseño



















































