El Huila y el silencio de la Venezuela ausente
Por: Gerardo Aldana García
El pasado 3 de enero, el reloj de la historia dio un vuelco esperado; el inicio del fin de una noche larga en Venezuela, al traer, como desenlace, la captura de Nicolas Maduro y su movilización hacia Estados Unidos para afrontar cargos relacionados con narcotráfico. Pero mientras el júbilo estalla en las plazas de Caracas, aquí, entre los pliegues de nuestra geografía opita, el aire comienza a tornarse distinto. A casi un mes del esperado colapso del régimen, el Huila se asoma a un espejo de ausencias. Nos enfrentamos al inicio de un retorno que no solo vaciará calles, sino que despojará a nuestro engranaje social de esos hilos invisibles que, durante una década, ayudaron a tejer nuestra propia supervivencia. Miles de ciudadanos venezolanos han estado presentes en tierra opita y su eventual partida sugeriría un paisaje en donde habría surcos huérfanos y mostradores fríos.
Ahora, un horizonte de esperanza se asoma para ellos en la esperanza de regresar a la dignificación que ofrece el poder regresar a su propio país, su casa, sin el oprobio de la persecución del régimen del capturado dictador o miradas xenofóbicas en territorios en los que han sido foráneos. El regreso, comparable a la inspiración vivida por el poeta y dramaturgo francés Víctor Hugo en su prolongado exilio de cerca de veinte años, provocado por Napoleón Bonaparte, sugiere mucho más que pisar de nuevo un terreno; es el momento en que la identidad y la libertad se abrazan. El Huila, tierra de promisión, acogió en su regazo a miles de almas venezolanas; Migración Colombia, en sus reportes de flujo migratorio 2024-2025,........
