La cláusula de idioma de Luis Díaz y la cultura alemana
El fin de semana leía en el diario alemán BILD que el Bayern de Múnich le impuso anuestro compatriota Luis Díaz una cláusula en su contrato que lo obliga a aprender alemán.A ‘lucho’ le toca asistir a dos o tres sesiones semanales y realizar unos exámenes queconfirmen su progreso, y si no lo hace, o si es muy bajo, puede enfrentarse a multas quevan desde los 5.000 hasta los 50.000 euros, algo así como $22 y $220 millones de pesoscolombianos. La noticia generó sorpresa en muchos medios colombianos, pero a mí,honestamente, me generó admiración.Eso es Alemania. Y eso es exactamente lo que siempre me ha llamado la atención de lacultura en ese país.Alemania es un país que salió adelante pese a haber protagonizado dos guerras mundiales,pese a haber tenido que partir su propio territorio y pese a haber enfrentado crisiseconómicas devastadoras que se le impusieron como una condena de la cual nunca pudierarecuperarse, pero se recuperó, y no lo hizo por azar. Lo hizo porque quién sabe en quémomento de la historia, seguro miles de años atrás, sus ancestros visualizaron yconvirtieron la disciplina y el cumplimiento en su cultura. En su filosofía de vida. Cuandouno mira la solidez de su industria automotriz, o de la tecnológica o la manufacturera, no vemediocridad, ve la consecuencia directa de una mentalidad que no tolera el conformismo. Yesa mentalidad vive en sus instituciones, en sus empresas, y hasta en sus clubes de fútbol.Alemania construyó una de las marcas país más respetables del mundo precisamente sobreesa premisa de que se esfuerzan más que el promedio por lograr sus objetivos.El Bayern de Múnich es uno de los clubes más exitosos y rentables del planeta, y es lainsignia del fútbol alemán. Y parte de su secreto viene de que no trata a su plantilla comoun campamento de verano donde cada quien habla un idioma diferente y nadie terminaentendiéndose de verdad. Que el Bayern exija a sus jugadores que aprendan alemán notiene nada que ver con nacionalismo, sino con una decisión de gestión deportiva pura ydura. La cohesión de grupo no solo se construye en el campo, se construye también en laconversación del descanso y en entender lo que el técnico quiere expresarles a susjugadores. Un jugador que habla el idioma de su equipo no es solo uno mejor comunicado,sino también uno más integrado, y por ende, más comprometido.Y aquí viene la reflexión que tuve cuando leí la noticia de ‘luchito’. Bendecido el guajiro,porque esto forma a un deportista. Sobre todo al deportista latino.Los latinoamericanos llegan al fútbol europeo con hambre, con talento, con una energía quepocos tienen en el mundo. Pero muchas veces llegan también sin estructura. Con la cabezahecha un desastre. Sin esa exigencia externa que les obligue a crecer más allá de lodeportivo. Llegan a entornos donde nadie les pide nada fuera de la cancha, y eso,silenciosamente, los limita más de lo que creemos. La cláusula del idioma de ‘Lucho’ no esun castigo. Para mí es una inversión en su versión más completa como profesional y comopersona.
El idioma abre puertas que el talento solo no puede abrir, ojalá muchos futbolistasentendieran esto y aprovecharan más su cuarto de hora. Y un club que entiende esto, que lopone por escrito con multas y exámenes, está diciendo algo que va mucho más allá de lodeportivo, está diciendo que aquí se crece en todo, y que el que quiera estar se tiene queganar el puesto.Con el aroma de un café 100% colombiano, los saludo,Santiago Ospina López.
