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Muchos títulos, poca independencia

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02.03.2026

Muchos títulos, poca independencia

Exterior de una clase de Educación Infantil. / E.P.

Nunca habíamos acumulado tantos diplomas ni exhibido tantas credenciales. Sin embargo, junto a esa expansión educativa crece una inquietud silenciosa: ¿estamos formando personas verdaderamente libres o solo profesionales altamente funcionales?

El sistema contemporáneo ha perfeccionado la transmisión de competencias técnicas. Produce especialistas eficaces, adaptables y productivos. Pero la educación no puede reducirse a entrenamiento. Si solo enseña a ejecutar, pero no a discernir, genera eficiencia sin profundidad.

La raíz misma de la palabra “educar” educere, sacar hacia fuera, sugiere algo más ambicioso: despertar capacidades interiores. No se trata únicamente de introducir información, sino de cultivar una facultad que ya existe en potencia. Cuando esa dimensión se descuida, el resultado es una instrucción sólida, pero una conciencia frágil frente a la presión del entorno.

El filósofo y pedagogo John Dewey defendía que la educación debía formar ciudadanos activos, no receptores pasivos. Aprender significaba participar, cuestionar, experimentar. Sin esa práctica reflexiva, el conocimiento se vuelve repetición.

Por su parte, Paulo Freire criticó los modelos donde el alumno es un depósito vacío en el que se almacenan contenidos. Para él, la enseñanza auténtica debía despertar conciencia........

© Diario de Mallorca