Una primera conversación con la doctora en Psicología Manuela Pérez Chacón
27 de abril 2026 - 04:40
Excelencia y profesionalidad se dan la mano en la joven doctora en Psicología Manuela Pérez Chacón. Enseguida te percatas de su vocación a nativitate. Y de su capacidad -inconsútil, esto es: sin costuras, como la túnica de Cristo- para el ejercicio de una profesión cuyo desempeño Manuela modula y modela desde la empatía y por descontado la simpatía. Me refiero -sin mayores ambages y sin recurrir a los pliegues de ningún circunloquio- a una de las más prestigiadas psicólogas de Andalucía. Por mérito propio. Si extendiera el calificativo a todo el territorio nacional, tampoco yerro en la aseveración. Tan es así -y, como prueba, un botón- que Manuela actualmente ocupa activamente la presidencia de PAS España (asociación de Psicólogos y Profesionales de la Alta Sensibilidad). Dejo en negro sobre blanco dos direcciones webs que encarecidamente recomiendo: pasespana.org y manuelaperez.es: visítelas, preclaro lector, antes que después. Ponga pies en polvorosa para este click por partida doble. Doctora en Psicología por las Universidades de Sevilla y Valencia, licenciada en Psicología con más de 15 años de experiencia en el área de la salud, Manuela, por si fuese poco, suma a su currículo el de patrona fundadora de la Fundación Española de Alta Sensibilidad.
Formulo una primera pregunta a Manuela… ¿Cómo describen los niños y adolescentes la soledad cuando la sienten, y qué palabras utilizan para expresarla? Su respuesta: “Cuando niños y adolescentes hablan de soledad, rara vez utilizan directamente esa palabra. En consulta suelen describirla de forma más indirecta y emocional. Los niños pequeños dicen cosas como “nadie quiere jugar conmigo”, “me siento invisible” o “parece que estoy solo, aunque haya gente”. En los adolescentes aparece más el lenguaje de desconexión: “no encajo”, “nadie me entiende”, “estoy con gente, pero siento que no pertenezco”. En jóvenes con rasgos de alta sensibilidad, esta vivencia puede ser especialmente intensa, porque perciben con mucha claridad los matices emocionales de las relaciones y necesitan vínculos profundos. Para ellos, la soledad no siempre es la ausencia de compañía, sino la ausencia de conexión auténtica. Por eso utilizan expresiones muy significativas como “estoy rodeado, pero me siento solo” o “siento que no tengo amigos de verdad”. Sí, ya digo, son expresiones significativas”.
Manuela, ¿qué diferencia observáis entre la soledad elegida (espacio personal) y la soledad que les duele? “La diferencia fundamental -indica- está en la vivencia emocional y en el control. La soledad elegida suele ser un espacio de descanso psicológico. Muchos niños y adolescentes, especialmente los altamente sensibles (PAS y NAS), necesitan momentos de retirada para procesar lo vivido, leer, escuchar música o simplemente estar tranquilos. En ese caso, la soledad se vive como calma, regulación y autocuidado. En cambio, la soledad que duele aparece cuando el niño o adolescente siente que no tiene elección. Es la soledad que surge del rechazo, de la exclusión social o de la sensación de no ser comprendido. Aquí no hay descanso, sino una experiencia de vacío relacional. Podríamos decir que la soledad elegida recarga, mientras que la soledad impuesta desgasta”.
¿Qué emociones suelen acompañar a la soledad en estas edades: tristeza, miedo, vergüenza, desconexión? Manuela argumenta que “la emoción más frecuente es la tristeza, porque la soledad suele implicar una necesidad relacional no satisfecha. Pero en niños y adolescentes también aparecen otras emociones importantes. El miedo es habitual, especialmente el miedo a quedarse fuera del grupo o a no ser aceptado. Durante la adolescencia, la pertenencia social tiene un peso enorme en la construcción de la identidad. La vergüenza también puede estar muy presente. Muchos jóvenes interpretan la soledad como un fallo personal: “si estoy solo es porque hay algo malo en mí”. Esta interpretación puede afectar seriamente a la autoestima. Y finalmente aparece la sensación de desconexión, que en consulta describen como sentirse lejos de los demás incluso estando presentes. En jóvenes con alta sensibilidad, esta desconexión puede vivirse con mayor profundidad porque tienen una gran necesidad de vínculos emocionales significativos. Por eso es fundamental que adultos, familias y educadores aprendan a distinguir entre un niño que busca momentos de tranquilidad y un niño que se siente solo por dentro, porque en este segundo caso la intervención emocional y relacional es clave”. Personas como Manuela son harto necesarias en la sociedad que nos ha tocado en suerte. Es la primera… pero no la última vez que su colaboración periodística merecerá nuestra más distinguida consideración.
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