¿Hay o no hay contención?
Turistas toman el sol en la playa de es Canar, en septiembre de este año. / J.A. Riera / JA RIERA
No sé si es muy pretencioso decirlo, o si es una percepción equivocada, pero tengo la impresión de que la temporada turística de 2026 puede marcar un antes y un después.
Por un lado, se ha producido una especie de vuelta de tuerca en la percepción de inserción del turismo con la sociedad, que se ha manifestado en la expresión de un malestar por parte de algunos segmentos de la ciudadanía. No es que este malestar antes no existiese, sino que ha aflorado de una manera más expresiva. Y, sin llegar a estos extremos, en el conjunto de la sociedad, en unos casos de manera clara y en otros de manera más difusa, se ha instalado un debate que invita a repensar el turismo. Básicamente, bajo la idea de darle una vuelta a la gestión del mismo.
Por otro lado, y este es el aspecto que me llama más la atención, parece como si hubiese una corriente económica de fondo, que discurre por sí misma y que no siempre se aprecia con claridad, que estuviese lanzando algunas señales de cambio. Hay quien incluso llega a hablar de cambio de ciclo, aunque si esto es verdad, estaríamos todavía en una fase incipiente.
Me preocupa mucho que, por un estado de ánimo presente en la sociedad, ya sea en todo o en parte de la misma, se acometan decisiones de política económica que explícitamente busquen provocar eso que se llama el decrecimiento. Yo ni aplaudo ni critico el decrecimiento. Incluso puedo simpatizar con el concepto, del mismo modo que en mi juventud, en los años setenta, me llamó la atención el mensaje del llamado “Club de Roma” sobre los límites al crecimiento. Pero insisto sobre el hecho de que ahora, una política orientada al decrecimiento sin tener en cuenta la complejidad de nuestra........
